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TRIBUNA

LEANDRO ALEJANO

Consideraciones sobre la seguridad de presas mineras

06.05.2018 
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En el último siglo, la demanda de metales ha crecido exponencialmente contribuyendo a mejorar nuestra vida. Para producirlos hay que extraer y procesar la roca. Esto genera el estéril, material sin valor que debe ser almacenado de forma segura.

Hasta los 50, se depositaba en cualquier parte y era típicamente arrastrado por riadas, lo que no preocupaba a los mineros ni a la sociedad en general. Con el despertar de la conciencia ambiental introdujeron mejoras que no evitaron del todo los accidentes. Se realizaron estudios para identificar las claves del diseño, gestión y cierre de presas mineras, estableciéndose en las últimas décadas las Mejores Técnicas Disponibles, destinadas a minimizar los riesgos.

Así, han mejorado la geotecnia (para conocer los terrenos donde se asientan), el cálculo de estabilidad (para controlar el efecto de terremotos o avenidas), y el control de niveles de agua y desplazamientos en los diques (para ejecutar medidas correctoras preventivas). Sumamos el desarrollo de una rigurosa legislación específica (europea, española e internacional). Todo ello ha contribuido a la drástica reducción de accidentes, la gran mayoría relacionados con fallos en diseños realizados décadas atrás.

El caso de los embalses de agua es análogo; su construcción creció en el s. XX y se cometieron errores que ocasionaron accidentes fatales. Esto llevó a una revisión y mejora de las técnicas y mayor rigor legislativo: en los últimos 30 años no ha habido problemas relevantes en las más de 1.500 presas españolas. Lo lógico es que con los avances mencionados, se hayan igualmente minimizado los problemas en balsas mineras.

La percepción del riesgo no siempre coincide con la realidad: según la DGT en 2015 hubo 200 muertes por millón de habitantes en accidentes de tráfico en el mundo. En accidentes aeronáuticos solamente 0,08 muertes por millón. Sin embargo, aunque el riesgo es 1000 veces menor, muchas personas tienen miedo al avión y pocas al coche.

Parece que lo poco familiar nos da más miedo que lo cotidiano, aunque esto sea más dañino. Así, en los países occidentales, aparece un rechazo hacia la minería, aunque los riesgos sean similares a los de otras actividades.

Ejemplos que no son noticia: el hueco de la mina de Meirama almacena gran cantidad de agua limpia; se conectará al embalse de Cecebre para abastecer a la Coruña. La mina de oro de El Valle (Asturias, 1997 a 2008) no produjo ningún problema relevante. As Pontes generó el mayor depósito artificial de tierras existente en España. Ya restaurado, alberga una de las mayores densidades de fauna salvaje de Galicia. Estas y la gran mayoría de las minas modernas del mundo han sido gestionadas tal y como se planificó, sin problemas reseñables.

Desde mi humilde punto de vista, ni se debe permitir una mina que no cumpla la legislación técnica y ambiental, ni prohibir otra que la cumpliera. La administración vela por ello. La minería moderna es una industria de bajo riesgo (indudablemente menos que ir en coche) que contribuye al desarrollo social y económico.

En estos días, es actualidad el proyecto minero de Touro-O Pino. Vemos artículos y documentales demonizando esta actividad, basándose en casos antiguos y circunstancias sacadas de contexto. La minería ha causado víctimas y daños, como la automoción, la aviación, las presas de agua y, en mayor medida, la insensatez humana. Muchos profetas predijeron el fin del mundo, y este un día llegará: pregunten a los dinosaurios. Hasta entonces, preocupémonos por hacer las cosas bien: con rigor científico y administrativo, y sin dogmatismos ni criterios exclusivamente emocionales.

El autor es Presidente de la Sociedad Española de Mecánica de Rocas y Director del Departamento de Ingeniería de los Recursos naturales y Medio Ambiente de Universidad de Vigo