Martes 17.06.2008
Hemeroteca web
|
RSS
Que Alberto Ruiz-Gallardón haya quedado fuera de la cartelera electoral de personajes que mejor definen al PP actual es de lo más coherente que ha parido Génova 13 en estos casi cuatro años de lenguaje duro y repliegue hacia las moradas interiores de un conservadurismo confesional y ratzingeriano. Lo contrario hubiera sido un sinsentido, una contradicción insoportable con y desde la lógica del movimiento que ahora rige los destinos de uno de los dos grandes buques que dominan el proceloso mar político español.
Acaso, el único punto objetable fuere que siendo Ruiz-Gallardón el primer edil de la villa y corte, no se hubiese aprovechado su indiscutible centralidad mediática para redondear el mensaje de una clara apuesta por el cierre definitivo del modelo autonómico. En fin, tampoco es cuestión de que la cúpula tenga que acertar en todo, algún pequeño fallo ha de haber, e incluso los asesores de imagen los recomiendan, pues sostienen que humanizan. ¡Qué aburrido debe ser eso de ser perfecto!
A principios de marzo de 2004, en Salamanca, el ideólogo Gabriel Elorriaga declaró, ante un grupo de periodistas que cubrían la campaña electoral de Mariano Rajoy, sus enormes dudas sobre la existencia del centro, en términos políticos. Es más, según fue avanzando la conversación y la noche, esas dudas acabaron convirtiéndose, mediante argumentos uniformemente acelerados, en certezas, en avalistas ya irrebatibles de la inexistencia de ese espectro en el que, se supone, el gesto moderado alcanza su estado más consecuentemente dichoso.
Verdad es, no obstante, que ninguno de los presentes se sintió conminado a desplazarse hacia los extremos de la sala.
De todo modos, resulta por principio igual de coherente que Elorriaga haya insistido en afirmar en Vigo que la exclusión de Gallardón es una "actitud razonable". Aunque muy probablemente quienes interpreten esa decisión de otra manera la consideren cualquier cosa menos "razonable". Lo cual sugiere que existen otras formas de ver las cosas y, quizás, hasta otras formas de pensar. Pero esa no es la cuestión, lo decisivo es que el eje dominante, el que marca la estrategia del Partido Popular, no está por el centrismo de Ruiz-Gallardón, ni por el estilo con el que éste se maneja en el teatro del poder.
La apuesta de Génova 13, para después de Rajoy, es Esperanza Aguirre. Es ella la que se ha impuesto al aparato del partido, y éste el que asumió la decisión salomónica de dejar fuera de la lista a Gallardón y Aguirre.
Con esos vientos que soplan desde el Guadarrama, nada más natural que la continuidad sea la nota dominante en las candidaturas de provincias. En Galicia, las cabeceras no cambian de caras, salvo en Lugo, donde el fin del cacharrismo queda simbolizado en el ascenso de Joaquín García Díez, paradójicamente, uno de los valores gallegos en alza con más pedigrí de centrista.
Estaba en la realidad de las cosas que los populares tendrían que ser fieles a la estrategia que aplicaron en toda la legislatura. Por eso mismo, la continuidad y no el cambio son la nota dominante en sus carteles, fotos y mensajes. Ni que decir tiene que la insospechada presencia de Manuel Pizarro en nada rompe esa línea de coherencia, en la que Gallardón sí quedaba en claro fuera de juego.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
Mensaje a los cabestros: "Así, no"
Pintada ‘sobre mojado’ en Compostela
Ensucian la imagen de un lugar turístico