El Correo Gallego

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ALFONSO VILLAGÓMEZ

El control de los ayuntamientos

18.05.2018 
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EN poco mas de un año los ciudadanos acudiremos a las urnas para elegir los gestores de nuestros ayuntamientos, un primer y básico control democrático por medio del voto que se despliega seguidamente por el que ejercen la oposición y los medios de comunicación. Al lado de estos controles, se encuentra el control de los jueces que fiscalizan la sujeción de la Administración municipal a la ley y el derecho a través de las demandas que se ventilan en los juzgados y tribunales.

A diferencia del control político, el control judicial de los ayuntamientos es única y exclusivamente un control de legalidad. Los jueces no podemos valorar la oportunidad de una medida concreta de un alcalde. Los jueces no podemos ni debemos realizar pronunciamientos sobre la conveniencia de un plan de urbanismo o sobre la necesidad de la remodelación de una calle. Los jueces determinamos si ese plan o esa obra se ajustan al ordenamiento jurídico, y siempre y cuando alguien lo lleve al juzgado.Porque los jueces que controlamos a la Administración no podemos actuar de oficio sino exclusivamente a instancia de una parte legitimada.

Desde 1998 existen en España los juzgados de lo contencioso administrativo, que desde entonces se encargan precisamente de llevar a cabo este control de la legalidad municipal. Los ciudadanos disponen así de un eficaz mecanismo para impugnar los actos municipales que les afectan y que además sirve para el enjuiciamiento de alcaldes y concejales en el cumplimiento de los fines que los justifican, que no es otro que el servicio a los intereses generales de los vecinos.

La Administración local, a diferencia de las demás administraciones territoriales (autonómica y estatal), se impregna de un genuino carácter gestor y servicial por encima incluso de su indudable configuración política. Una circunstancia crucial que posibilita el pleno control judicial de la actuación de los ayuntamientos, o de su inactividad, haciendo, en definitiva, realidad el brocado clásico acuñado por los administrativistas franceses que proclama "juzgar a la Administración es también administrar". 

Doctor en Derecho