Domingo 09.03.2008
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De nuevo la discusión sobre cómo llamar a la ciudad del Herculis Fanum, si "La Coruña" o "A Coruña", si en castellano o en gallego. Los galleguistas enragé no admiten otro topónimo que el de la "A", mientras que los coruñesistas prefieren el "La". A uno, que no es lingüista ni especialista en etimologías, ni tiene proclividades políticas galleguistas, la polémica le deja frío. Oficialmente es "A Coruña", pero son muchos -la mayoría- los que siguen diciendo, erre que erre, "La Coruña". "A Coruña" tiene la dificultad de que el hablante parece un tartaja cuando el topónimo va unido al verbo ir. En fin, lo dicho, la discusión me parece baldía u ociosa cuando se quiere remar contra corriente; imponer la "A" por decreto es ya, de antemano, una falta de tacto para su general aceptación. Propongo una solución ecléctica: ni el "La" ni el "A"; simplemente "Coruña", al igual que Lugo, Ourense y Pontevedra.
Me parece muy bien que se quiera depurar el gallego de infiltraciones espurias. Esa es tarea que le corresponde a la Academia. Pero cuiden los señores puristas de que los que enseñan en gallego, singularmente en materias científicas, en las que nuestro idioma es más bien parco, no digan barbaridades al pasar del castellano al gallego. Me cuenta persona de toda mi confianza que una profesora de matemáticas en un instituto de la costa lucense (y esto lo descubrió el padre de un alumno) traducía a sus discípulos "siete al cubo" por "sete ó caldeiro" ¡Toma idioma, chaval! Emplear vocablos impropios puede hacerlo cualquiera, máxime si se utiliza el gallego o el español indistintamente, según las circunstancias. A veces, incluso, aunque hablemos en castellano, introducimos palabras gallegas en la conversación.. Pero esto no es pecado lingüístico. Lo otro, lo del "caldeiro", sí que es imperdonable, ya que, cuando se descubre la catetada, produce un rechazo a la expansión del idioma.

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