Lunes 22.03.2010
| Actualizado 01.24
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Siempre me da cierto repeluzno, o sea, sensación de calor y frío al mismo tiempo, al oír lo que dice el Gobierno sobre la actual situación económica, realmente más grave de lo que parece según los expertos independientes en la materia. Siento calor porque me da el pálpito de que quieren tomarme el pelo, y esto me cabrea y encocora, pues no quiero pertenecer a la grey de imbéciles con que, despectivamente, nos confunden ZP y sus adláteres a todos los españoles. Y siento frío, porque así me dejan las propuestas que formulan para sacarnos de la crisis: nada con sifón. Por un lado, rimbombantes acuerdos (con la foto de rigor) del Gobierno con la patronal y los sindicatos (y habría que preguntarse a quienes representan estos subvencionados mayorales de la cosa social) que no contienen iniciativas concretas, ni un atisbo de soluciones razonables, ni una sola medida que intente frenar en lo posible el constante deslizamiento hacia la recesión, que se veía venir y que han querido ocultar de manera bien zafia, engañando a los que estaban propicios a dejarse engañar. La gran mentira en la campaña electoral de las pasadas elecciones fue precisamente esa ocultación de la verdad, utilizando la semántica y el sofisma como instrumentos obnubilizadores.
Por otro lado, las tonterías u ocurrencias mostrencas del ministro Sebastián, que más parecen chistes de una revista de humor negro. Díganme, por favor, como puede ser digerible eso de regalarnos millones de bombillas para mejorar el PIB español. Hay que ser ramplón y chabacano para lanzar tamaña parida. Y ante este bombillazo, Solbes, el contable, en las musarañas y Touriño, el científico, trastrabillando al visualizar el chaparrón que le va a caer durante las próximas elecciones gallegas.
Y así va el país: a trompicones, con un Gobierno inepto. Como decía un torero famoso, "lo que no puede ser no puede ser y además es imposible".
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