Lunes 22.12.2008
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EN MI BIBLIOTECA conservo un libro suyo, muy bien encuadernado, fundamentado en su tesis doctoral sobre Las expectativas empresariales en las encuestas de coyuntura. Fue un regalo personal que me hizo en 1985.
Feliciano Barrera, don Feliciano, estudió Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad Complutense de Madrid cuando ya llevaba un cuarto de siglo de empresario afincado en la capital de España.
El director de su tesis doctoral fue Ramón Tamames, a quien por aquellas fechas apodaban El Rojo. Ángel Alcaide Inchausti presidió el tribunal, del que también formaron parte Rafael Martínez Cortiña, Andrés Suárez Suárez y Manuel López Cachero.
Aunque a edad madura, don Feliciano descubrió que su vocación era la ciencia económica. Lo desvela en sus memorias, editadas en 2002: "De todas las decisiones que configuran la estela de este emprendedor, la que más satisfacciones personales me ha producido, mucho mayor que la de los negocios, ha sido la carrera de Económicas".
Como hombre hecho a sí mismo, su vida fue una equilibrada mezcla de intuición y experiencia, pero su logos siempre estuvo dirigido a ampliar el conocimiento. De ahí la importancia que siempre le concedió a la educación y a la formación.
Para él, la mejor inversión era la destinada a crear capital humano. A su entender, no hay mejor capital que el capital humano. Eso decía cuando todavía la información y el conocimiento no se habían situado en el centro del debate de las estrategias de desarrollo para las sociedades avanzadas.
Una percepción, sobre cuáles deberían ser las prioridades del modelo, que tuvo su correlato en la filantropía. Y no por causalidad fue en la educación -ahí está, por ejemplo, el grupo escolar que donó en su Guláns natal- donde el editor de honor de EL CORREO GALLEGO centró buena parte de su labor filantrópica.
Como schumpeteriano -su tesis doctoral está basada en gran medida en los Business Cycles del gran economista austriaco- dio mucha importancia a la innovación y a la investigación. En suma, al cultivo del talento, de la emulación y de la competencia como herramientas imprescindibles para progresar.
Esos fueron los motivos que, en su día, le llevaron a crear sucesivamente la Carrera Pedestre de Santiago y los Premios Gallego del Año. Dos acontecimientos abiertos al conjunto de la sociedad civil gallega.
Estaba convencido, y así lo dejó escrito, que la intervención de la Administración Pública en el proceso económico ayudaba a perfeccionar los métodos de análisis y previsión sobre el futuro. En el futuro vislumbraba una economía planetaria, con una sociedad más integrada, y opinaba que la construcción europea depararía una Europa sin estados y con regiones.
Feliciano Barrera Fernández, don Feliciano, se veía a sí mismo como "un empresario innovador que no se conforma con observar el mundo, trata de transformalo". Podría ser su merecido epitafio.

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