El Correo Gallego

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AILOLAILO

DEMETRIO PELÁEZ

El manual podemita y la turismofobia

07.10.2017 
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HAY QUE SER muy ingenuo para creer que detrás de la iniciativa de CA para implantar una tasa turística en Santiago subyace el noble deseo, como quieren transmitir de cara a la galería, de ordenar mejor el sector. No van por ahí los tiros. Lo que ocurre realmente es que a la familia podemita, en general, no le gustan los turistas y desea frenar dicha invasión a través de medidas variopintas.

Resulta muy curioso, por ejemplo, que Martiño Noriega copiase a rajatabla el plan de Ada Colau en Barcelona y suspendiese hasta nueva orden, nada más ocupar la alcaldía, la concesión de licencias para crear nuevos hoteles en el casco histórico, y llama también la atención el empeño que tiene en poner en marcha la citada tasa con el fin, dice, de que los turistas contribuyan a mantener servicios que se desbordan, como la recogida de basura.

Parece olvidar Noriega que decenas de edificios de la zona monumental que hasta hace bien poco estaban en ruinas, dando un aspecto penoso a amplias áreas, se han reconvertido en inmuebles llenos de encanto y de vida gracias a la inversión de empresarios que han arriesgado sus dineros en la ciudad. Loureiros era antes una rúa sombría; en la actualidad da gusto verla por haberse instalado allí y en sus alrededores pequeños hoteles, algunos con jardines espléndidos, que animan de inmediato a desenfundar la cámara de fotos. La plaza de San Agustín es hoy una de las más animadas y cuidadas del casco viejo, cuando hace solo diez años estaba corroída por el abandono, la humedad y la mugre. Ejemplos similares se cuentan por montones... y todavía queda mucho por rehabilitar y revivir antes de que Santiago pueda considerarse una ciudad presionada por el turismo.

Cierto es que en julio y agosto la llegada de numerosas excursiones y grandes grupos de peregrinos puede resultar, en momentos puntuales, agobiante, pero de octubre a abril muchos hoteles tienen que cerrar sus puertas porque mantener la actividad supondría perder dinero.

Por lo demás, ¿a quién molestan los excursionistas y peregrinos? ¿No dejan sus buenos dineretes en la ciudad? ¿De verdad ensucian tanto que es necesario cobrarles la limpieza? ¿No será que Noriega y su equipo apoyan por lo bajini, porque el manual de pensamiento podemita tira hacia esos lares turismofóbicos, a los descerebrados que ya han empezado a llenar Santiago de pegatas con el lema de "tourist go home, you are destroying Compostela"? La conexión barcelonesa vuelve a notarse en esta campaña. Curioso, sí, muy curioso.

EL AUTOR ES PERIODISTA