Lunes 22.12.2008
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Aunque resulte desgarrador reconocerlo, Amimetu Haidar tiene el derecho de que su posición sea respetada hasta las ultimas consecuencias. La alimentación forzada de una persona mayor de edad, libre y capaz en un ámbito de estricta privacidad, sería una violación de sus derechos fundamentales. Además, se infringiría la Ley de Autonomía del Paciente y el mismo Código Penal que castiga los delitos contra la dignidad moral de las personas. La almendra de este nuevo y gravísimo problema no está, por tanto, en la actitud extrema de la activista saharaui en su huelga de hambre: está realmente en determinar las responsabilidades por haberse llegado a esta situación. Porque si finalmente Haidar fallece no sólo habrá que exigir muchas explicaciones policiales, diplómaticas sino que nada podrá seguir siendo ya igual en las relaciones "amistosas" de España con Marruecos.

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