Lunes 22.12.2008
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La propaganda oficial suele presentar el concepto de discriminación por razón de sexo como algo inherente a la educación diferenciada. Tal consideración, errónea y falsa, no es más que el trasunto de la fuerza, de la potencia con la que el pensamiento único pretende imponer sus dogmas arrasando y laminando cualquier manifestación de pluralismo, de diferencia. Sin embargo, la realidad muestra que en muchas partes del mundo, incluso en la propia escuela pública, se ofrecen educación mixta y educación diferenciada para que los padres puedan elegir la que más se adapte a sus convicciones sin que haya el mínimo problema. Aquí, en cambio, la honda ideologización que se ha lanzado desde las terminales mediáticas del poder establecido pretende condenar a las galeras de mundo civil cualquier crítica que se haga al dogma de la educación mixta.
Si tenemos claro que la libertad es el principio que debe guiar las diferentes políticas públicas, entonces nada debiera impedir que los poderes públicos puedan facilitar que los padres puedan elegir el modelo educativo más cercano a sus preferencias. Por eso, cuando la educación diferenciada se equipara a la discriminación se está cometiendo un atentado nada menos que al pluralismo, uno de los valores superiores del sistema constitucional. Las diferentes opciones, insisto, han de poder estar presentes en la oferta educativa de manera que la libertad de elección, que suele tener rango constitucional en materia educativa, pueda ser una realidad. Habrá quien piense que es mejor la educación mixta que la educación diferenciada. Estupendo. También habrá quien opine que la educación diferenciada reduce el fracaso escolar y mejora las capacidades de los alumnos. Muy bien. El problema, el gran problema lo encontramos cuando desde el poder público se impone un modelo, hurtando un derecho fundamental como es el de la libre elección de centro escolar por parte de los alumnos.
En este sentido, me parece muy grave que se subvencione solamente un modelo por considerar que la educación diferenciada discrimina a los alumnos. Para discriminar a alguien hay que tratarlo de manera desigual, algo que nada tiene que ver con el ejercicio de la libertad de elección. Pensar que ejercer la libertad es discriminar equivale, ni más ni menos, a impedir el ejercicio de la propia libertad. Hoy, en España, aunque suene raro, tenemos un gran déficit de libertad y un gran superávit de manipulación y de imposición de modelos sociales. Por eso, es menester llamar la atención sobre los permanentes recortes de las libertades que se producen cotidianamente como consecuencia del proyecto de instalar en la sociedad española una serie de dogmas que parten de la bondad, no justificada, de determinados modelos de conducta, de comportamiento y de educación. Mientras tanto, habrá que seguir insistiendo en el respeto al pluralismo, en la promoción de la diversidad y, sobre todo, en la efectividad de la libertad de elección de centro educativo y, por ende, de modelo educativo. Que cada uno pueda elegir, no a la imposición.

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