Lunes 15.03.2010
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Actualizado 09.23
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"Un gobierno no debe enseñar moral", dicen los objetores tras el fallo del Supremo favorable a EpC. "En temas éticos el Estado debe ser neutral", dice Núñez Feijóo. "Hay una moral objetiva al margen del Estado", se dice en una televisión católica. Lo que hay sobre todo son opiniones, a veces contradictorias, que quieren cuadrar el círculo que supone una moral católica en un Estado aconfesional. No perderé más tiempo escribiendo sobre la dichosa EpC, máxime sabiendo que es una de esas materias de relleno que se imparten sin formación específica. Pero creo que el Estado no debe enseñar una única moral sino animar el conocimiento de las cuestiones morales. Debatir no significa aquí que no exista una objetividad moral posible o que ésta se identifique con credos o con morales particulares. Los objetores dicen con razón, no sé si son sinceros, que el Estado no debería moralizar, pero suelen añadir que la escuela tampoco debería enseñar nada sobre moral que no autorizasen las familias. ¿Por qué se oponen al debate moral si es lo opuesto a moralizar? "Porque al final prevalecería el criterio de que vale por igual cualquier criterio moral", dirían en el mejor de los casos. "Porque nuestra moral familiar es contraria a la libertad que implica el debate moral", dirá el moralizador-propietario de sus hijos. En todo caso se equivocó el gobierno no pactando lo que la oposición derogará. Respecto a la ley de plazos, la necesaria legalidad del aborto no le quitará el trauma y dilema moral que supone. El ideal social sería cero.
La objección que no juega limpio confunde moralizar con enseñar a razonar moralmente, rechazando esto como si fuese una alternativa a la moral familiar. Pero el Estado no debe moralizar, sólo enseñar a reflexionar. Dice bien M. Canto-Sperber (La inquietud moral y la vida humana): "La moral fue siempre núcleo estable de valores compartidos y cada época se relaciona con ellos de cierta manera. Lo esencial es la reflexión racional autónoma. Nada tan insidioso como el paternalismo moral que pretende conocer el bien de las personas mejor que ellas y forzarlas a pensar contra su voluntad. Es erróneo que la religión fuese antes el único contenido de la moral y la actual se haya liberado de la religión: son tan míticas las éticas religiosas como las laicas. No se precisan valores trascendentes para garantizar la objetividad moral. La moral no es tanto convicción, dogma, costumbre, tradición o ley, cuanto un debate racional y crítico, una deliberación desprejuiciada".
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