Martes 16.03.2010
| Actualizado 22.55
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Elciego es un pequeño municipio de unos mil habitantes de la Rioja alavesa que hace unos días inauguró un espectacular edificio diseño de Frank Gehry en el centro neurálgico de la ciudad del vino que parece una réplica multicolor, en versión modesta, del Guggemhein de Bilbao, obra del mismo autor.
Este "segundo templo" del pueblo, como le llaman los lugareños, nace por iniciativa privada de una vieja bodega, pero con vocación de convertirse en uno de los iconos turísticos de todo el territorio alavés y servir así de motor económico para una comarca que potencia su fortaleza del enoturismo, aprovechando las sinergias de otras instalaciones de poblaciones cercanas, para atraer a más visitantes selectos de todos los continentes.
El complejo ha generado un clima vecinal de optimismo porque "este animal que galopa con las crines al viento", como lo describió Gehry, será como un potente imán que atraerá otras inversiones, visitantes y, consecuentemente, ingresos para la localidad, además de situar a Elciego en todos los mapas. La inversión total del complejo ascendió a treinta y nueve millones de euros.
Compare el lector la racionalidad de esta construcción privada en dimensión, objetivos, coste, y su impacto económico en la zona, con la demencia pública de nuestra Ciudad de la Cultura, con cifras de coste escalofriantes, sin que nadie haya justificado su construcción, sin que sepamos el destino de los edificios del complejo –los "pensadores" contratados proponen un mero cambio semántico al delirio anterior–, ni sus costes de mantenimiento o siquiera una vaga proyección de su rentabilidad económica y cultural para Galicia, esos "réditos que aportará a la economía gallega", de que habla el alcalde Bugallo.
He ahí un engendro monstruoso en su concepción inicial, un despilfarro de recursos en la continuación de su construcción y una hipoteca sangrante, y puede que insostenible, que los gobiernos anterior y actual, que apuesta por sostenerla, legarán a las nuevas generaciones. Un lujo que el país no puede permitirse. Pero también en esto parece que "Galicia es única".
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