Lunes 22.12.2008
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SABEMOS BIEN en el Grupo Correo Gallego -lo sé yo, que he tenido el honor de caminar a su lado, de aprender cada día de su ejemplar trayectoria vital- que el vacío que deja será imposible de llenar. Se nos ha ido don Feliciano Barrera y con él desaparece una manera de amar con intensidad a Galicia, de ayudar a su progreso desde la intuición y la experiencia, desde el esfuerzo generoso y la inteligencia lúcida, y siempre desde la modestia del gallego de Guláns -la aldea de Ponteareas donde nació, el 2 de septiembre de 1918- que no solo se hizo a sí mismo y se codeó con los más importantes líderes de la sociedad de su tiempo, sino que levantó un grupo empresarial modélico y que convirtió a EL CORREO en la joya de la corona y en altavoz de su filosofía: avanzar, subir y ayudar a crecer sin más medios que la voluntad, la intuición y el sentido común. Todo ello, al servicio de los intereses de Galicia y de España. De don Feliciano podemos decir ahora que asentó su proyecto en valores limpios y sólidos: la serenidad, la reflexión, la fuerza de voluntad y ese deseo tan suyo de avanzar, de contribuir al bienestar de sus conciudadanos. Doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, uno de sus orgullos, en su fértil y dilatada biografía de empresario, editor y mecenas brillan con especial intensidad su liderazgo en el hotel Mindanao y el Banco del Tajo, su apuesta por la creación de empleo en su querida Ponteareas, su apoyo a todas las iniciativas culturales y sociales de esa comarca pontevedresa, sus más de seis décadas de incansable y generoso impulso al grupo de comunicación de la capital de Galicia. Es de justicia reconocer que él convirtió EL CORREO en uno de los periódicos con mayor influencia en la clase dirigente y en la sociedad -no son pocos quienes nos valoran como The Washington Post gallego-, y que alentó la diversificación del grupo con la puesta en marcha de Correo TV, Radio Obradoiro, Telecable Compostela, Tierras de Santiago, Galicia Hoxe, Edicións Correo y Anova Multiconsulting para cubrir todas las facetas de la comunicación, desde la prensa en gallego -también ahí fue un pionero, con su emocionante lucha en solitario para revitalizar nuestro idioma- hasta la gratuita, desde la radio y la televisión locales hasta series de éxito como Pratos combinados y Libro de familia, desde los sondeos de opinión hasta la edición de libros, incluida una antología de artículos del Nobel Cela, a quien distinguió como Gallego del Año, los premios que creó como espejo de los mejores valores de nuestra sociedad civil. Innovador, serio y creativo, don Feliciano siempre entendió sus empresas como órganos activos de la sociedad y mimó hasta la obsesión el capital humano, convencido de que es la mejor de las inversiones. Filántropo entusiasta y con un insaciable deseo de saber, puso especial empeño en impulsar la educación, ya sea con la construcción y mantenimiento de un grupo escolar en su Guláns del alma, ya ayudando a la USC como primer presidente de su Patronato. Con los valores del militar recto y recio -carrera corta en el tiempo, pero intensa y que marcó a fuego su personalidad-, su entrega a Galicia y a España fue reconocida con, entre otras distinciones, la Medalla Castelao de la Xunta, los títulos de Hijo Predilecto de Ponteareas e Hijo Adoptivo de Santiago, la Medalla de Oro de la capital de Galicia, la Insignia de Oro de la USC, la Cruz de Alfonso X el Sabio y la Medalla al Mérito en el Trabajo. Sabía -así lo escribió en Memoria activa, su didáctica autobiografía- que las alabanzas unánimes solo se alcanzan en el camposanto y decía, con la chispa de su humor gallego, que cuanto más tarde, mejor. Esa hora fatídica ha llegado, y queremos decir bien alto que don Feliciano Barrera ha entrado por derecho propio en el restringido club de los petrucios, los titanes del galleguismo sin exclusiones, los emprendedores que pusieron su prestigio, su crédito personal y su honradez al servicio de su tierra y de sus gentes. Así recordaremos a un editor irrepetible, que se hizo querer y respetar por su flexibilidad y su calurosa cercanía en lo que él llamaba el gobierno de personas. Se nos marcha ligero de equipaje, y ahora tendremos que convivir con el vacío de su ausencia. Nos queda su herencia de hombre bueno y generoso, con su inteligencia siempre al servicio de Galicia y de su autonomía, que entendió y defendió desde el primer atisbo de autogobierno. Descanse en paz don Feliciano Barrera, que ya entró con letras de oro en la historia de este país que tanto amó, y reciba su querida familia, hoy rota por el dolor, el pésame de miles y miles de gallegos. Todos nos miraremos en el espejo de su admirable legado.

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