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Lunes 22.12.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

{ a bordo }

El hombre que fue fiel a los suyos

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DURANTE muchos años, el momento culminante de la gala de Los Correos era la intervención de don Feliciano. Con la espontaneidad y frescura del neno labrego que había sido en su aldea de Guláns, nuestro querido editor convertía el discurso en una charla con la que cautivaba a los asistentes. Quien se había convertido por méritos propios en uno de los empresarios principales de Galicia, no hacía concesión alguna a la ampulosidad o la retórica. Hablaba con el corazón y llegaba al corazón del auditorio.

Cada año, don Feliciano daba un ejemplo de humildad ante lo más granado de la sociedad gallega. Su obra era ingente pero su vanidad, nula porque pertenecía a esa bendita estirpe de gallegos que aplicaron en su vida la parábola de los talentos. Entendían sus integrantes que el éxito empresarial o social que habían obtenido era como un préstamo que estaban obligados a devolver a la sociedad. En esa filosofía, la riqueza, la prosperidad, el beneficio, no debían ser administrados con egoísmo, sino revertidos al país.

Esa reversión la hizo don Feliciano de muchas formas, desde la fundación de centros escolares en su tierra de Ponteareas hasta el patrocinio de empresas. Buen conocedor de la economía que aprendió en las aulas, supo combinarla con un humanismo que se cursa en el máster de la vida. Junto a la lógica del beneficio contable, él siempre tuvo en cuenta la del beneficio humano. La satis­facción y el agradecimiento de sus paisanos era algo que él incluía en las cuentas de resultados.

Nunca lo sabremos porque su carácter modesto le hubiera impedido admitirlo, pero era como si se hubiera trazado un plan para poner sus muchos granos de arena en la reconstrucción de su Galicia. Sabía que su tierra requería escuelas, y se las dio. Sabía que necesitaba industrias, y las promovió. Y sabía también que todo eso estaría incompleto sin medios de comunicación que fueran los ojos, los oídos y la boca de esas sociedad que despertaba. Su pasión por el periodismo nace de la idea de que, sin él, cualquier país está a la intemperie, falto de esa sutil red que hace de sus habitantes una comunidad que ejerce como tal. Don Feliciano se propuso que el corazón de Galicia latiera todos los días en el periódico, en la radio, en la televisión del Grupo Correo Gallego. A la vista está que lo consiguió.

Lo consiguió en tiempos muy difíciles, en los que un empresario tenía que dejar de lado los cálculos de los analistas, y seguir la intuición de los aventureros. He ahí una lección que la vida de don Feliciano deja para quienes tienen que luchar en los tiempos que corren. La capacidad del ser humano para sobreponerse a las adversidades es prodigiosa. En los peores momentos siempre surge un grupo de hombres decididos que toman sobre sus hombros la tarea de preparar el futuro. Don Feliciano fue uno de ellos. Quedan de él sus obras, sus proyectos, pero sobre todo el ejemplo de quien supo ser fiel a los suyos.

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