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tribuna

ENRIQUE SANTÍN

Desobediencia civil

13.09.2017 
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EL espíritu humano debe ser, a la vez, crítico y creativo. Para el sociólogo francés Gabriel Tarde y sus leyes de la imitación, cuando hacemos lo que vemos hacer a los demás, nos dejamos llevar por la "moda"; en cambio, si hacemos lo que hacían nuestros antepasados, observamos y actualizamos sus "costumbres" y conservamos las "tradiciones". En ambos casos, nuestro espíritu es conformista, acrítico y no creativo.

Carecer de espíritu crítico es obrar según el pensamiento y decisión de los demás, es carecer de sentido y juicio propios, es renunciar a pensar libre y autónomamente.

Las personas carentes de sentido crítico y creativo son conformistas, cómodas y, más que obedientes, sumisas. La obediencia no consiste en cumplir ciegamente lo que nos mandan, sino en cumplir, voluntaria y conscientemente, cualquier medida o decisión que merezca nuestro consentimiento y aceptación.

Si desobedecer es simplemente dejar de cumplir lo establecido, rebelarse es oponerse y enfrentarse a la norma y luchar para que se elimine o desaparezca.

En relación con la desobediencia se ha instituido recientemente un premio que reconoce el mérito y la importancia de la llamada "ética de la desobediencia" o "rebeldía con causa". Con él, se quiere distinguir a las personas o grupos comprometidos con todo lo que signifique "ejemplo extraordinario de desobediencia en beneficio de la sociedad".

En la corriente anterior subyace el principio de que "no cambiará el mundo haciendo lo que se te dice".

Sólo la desobediencia fundada en el incumplimiento de las leyes que perjudican a la sociedad puede merecer el apoyo y refrendo de la mayoría social. La desobediencia civil no supone quebrantamiento de la obediencia debida cuando la orden o el mandato emanan de una autoridad ilegítima o cuando su contenido es manifiestamente ilegal y antijurídico. No es sólo desobedecer a la autoridad ilegítima sino también al mandato ilegítimo de una autoridad legítima.

La desobediencia, como delito, está tipificada en el artículo 556 del Código Penal como desobediencia grave a la autoridad, incluyendo en este último concepto, a los miembros del Tribunal Constitucional. Desobedecer las decisiones del Tribunal Constitucional es, pues, incurrir en la comisión de un delito.

Jurista y exprofesor universitario