Martes 21.05.2013
| Actualizado 20.08
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LA tradición identificó los temibles remolinos del estrecho de Mesina entre Sicilia y Calabria con aquel paso mítico entre Escila y Caribdis que puso a prueba al virtuoso Ulises, paso tan angosto que sus orillas estaban a tiro de flecha. En la narración homérica (Odisea XII; 35-125) navegar cerca del gran peñasco de Escila significaba que seis hombres de la tripulación serían indefectiblemente devorados por el monstruo de tal nombre de doce patas, seis largos cuellos y otras tantas cabezas. La alternativa era más dramática porque aproximarse al risco de Caribdis significaba ser arrastrado por sus remolinos al fondo. En la cultura occidental, en la que los trabajos de Hércules y de Ulises se moralizaron por estoicos y cristianos, el paso entre Escila y Caribdis designaría las grandes pruebas de la vida. Todavía hoy en el lenguaje común designa moverse en el filo de la navaja.
España está hoy en este paso angosto entre ambos promontorios y podría ser destrozada por impericia del timonel o irresponsabilidad de la tripulación. Navegamos muy cerca de Escila pero no muy lejos de Caribdis, se amotina parte de la tripulación devorada por el monstruo, y muchos, sin distinción de colores, claman que Rajoy no es el virtuoso Ulises y pugnan por centrar la nave hacia Caribdis. Pero allí la espiral del torbellino de la deuda engullirá la nave, y muchos de quienes gritan por drásticos recortes se ahogarían en el Gran Recorte. Llevan razón sin embargo quienes claman por una radical simplificación del Estado, pues el ciudadano no percibe que éste se adelgace proporcionalmente a su pérdida de nivel de vida y la situación es desesperada, con parte de la marinería amotinada y los torbellinos de la deuda y buena parte de la oposición tirando hacia el fondo. Ulises perdió seis marineros en Escila, pero cruzó el paso. El gobierno debe recortar proporcionando esa confianza que aún hoy no tiene de que no mantiene privilegios ni estructuras insostenibles. No podía dejar caer a la banca, aunque no lo hizo bien en Bankia exacerbando ánimos ya exaltados por los recortes. Trate amigo Rajoy de mantener la nave a flote y el menguado nivel de vida de los más débiles, cuya rabia es comprensible, y si no llegase la bonanza enfile a Caribdis y solicite ese rescate al que nos empuja la deuda y algunos demagogos, que, en el mejor caso, callaban y asentían ante las tropelías que hasta aquí nos condujeron.
Catedrático de Arte

22.05.2013
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