El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSE MIGUEL GIRÁLDEZ

Entretenimiento

14.07.2018 
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ABUNDANDO en eso que decimos aquí tantas veces, que la narrativa política se ha convertido en una forma de entretenimiento (sobre todo muy televisivo), he de reconocer que las visitas de Trump a cualquier parte no decepcionan ni un ápice en este sentido. Al contrario, se le nota su pasado (y quizás su presente) televisivo. Conoce la técnica, queridos. Dirigir un país como una empresa es una mala idea, pero dirigirlo como un programa de televisión, o de telerrealidad, pude dar para ir tirando. Si resiste el decorado, y si resisten también las máscaras, no hay problema. Por supuesto está todo eso de la profundidad del pensamiento, la intelectualidad (sospechosa, como todo el conocimiento), el equilibrio, el arte (sospechoso como todo lo artístico), la diplomacia y el estilo. Bah. Paparruchas. ¿Qué hace mayormente el personal, dicho sea con toda la simplificación posible? Ver la tele y leer las redes sociales. Si piensas así, si estás convencido de esto, ¿a qué dedicarás tus esfuerzos? A la tele y a las redes sociales. Y todo lo demás es residual. La metafísica, el álgebra, la ciencia política, la generosidad, el arte renacentista, la música barroca: todo residual. Vayamos al grano, tíos: unas noticias reales por aquí, unas irreales por allá, unos tuits para el tapeo neuronal, y que nada sea del todo verdad ni mentira, sino depende (de la hora del día). La moda está en construir una realidad no ya líquida, sino más bien gaseosa.

He seguido la visita londinense de Trump y creo que ha aportado mucho, como en su reunión con los aliados, a eso que se llama el entretenimiento político. Ayer consideró que la entrevista con ‘The Sun’ era mayormente un compendio de ‘fake news’, pero no dijo de quién eran las ‘fake news’. Si suyas o del periódico. Quizás lo dijo, pero ¿cómo sabemos que al decirlo no estaba produciendo ‘fake news’? Viene a ser como en ‘Alicia en el país de las maravillas’: en lo tocante al lenguaje, conviene saber siempre quién es el que manda. Lo vemos cada día. Todo el mundo quiere apropiarse de la comunicación, de la palabra, pues es la que construye el mundo. La realidad, ya lo dijimos aquí, es sobre todo una edificación de palabras. Y Trump es bueno mudando el discurso, reciclándolo, porque lo importante no es la puñetera verdad, sino la maravillosa representación, la apariencia mediática. Lo que haya debajo del ruido y el discurso, servido como alpiste para la masa, no es asunto nuestro.

Así que mucho entretenimiento. Tiene que ver con la levedad del presente y con la omnipresencia de la imagen: nada que dure más de un minuto tiene oportunidad de perdurar. Así que Trump golpea su tuit o su mensaje (escueto y provocador) buscando el hoyo, como ocurriría en sus campos de golf. Lo siguiente, ya es un nuevo partido: el caso es que la bola (qué palabra tan oportuna) caiga en el hoyo adecuado. Cuando encara el nuevo hoyo, su estrategia puede ser literalmente opuesta. En el Reino Unido parece que dijo una cosa y luego su contraria. Tratándose de él, ¿se puede ser más coherente? A May le dijo que todo lo publicado era ‘fake’ y que ella era estupenda. Y se felicitó de lo que llama una relación especial: un eje anglosajón liberado, oh cielos, de la incómoda Europa. Y luego, té con la reina.