Lunes 22.12.2008
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TRABAJADOR infatigable, honesto hasta la exageración, con una cultura vastísima, sensible, tenaz, una cultivada imagen de exigencia y, sobre todo con un amor profundo y sincero a Galicia. Con Fraga recuperamos el orgullo de ser gallegos. Galicia adquirió, gracias a él, voz no solo en España, sino también en Europa. Conocí a Fraga en el año 1988, cuando tomó la decisión de optar a la presidencia de la Xunta de Galicia y me encomendó la elaboración de una estrategia para nuestra tierra.
Los Libros Blancos, representaron una nueva filosofía de futuro y abrieron un nuevo horizonte. Fueron su estandarte y la expresión de que venia a Galicia para cumplir una misión. Modernizar, rejuvenecer y abrir un futuro de esperanza.
Ganó las elecciones de 1989 por un estrecho margen (38 - 37) pero esto no le impidió poner en marcha todo su proyecto: Consolidar y asentar las instituciones autonómicas: Consello de Contas, Consello Económico y Social, Consello Consultivo, potenciar el Consello da Cultura Galega, dándole una nueva sede en Raxoi y afrontar la ruptura de nuestro aislamiento físico. Autovías, Plan de Estradas de Galicia, Telefonía Rural, Plan Mega, etc etc.
En su labor incesante, no se ha dado la relevancia necesaria a su política social: Guarderías, Centros de la Tercera Edad, Escuelas e Institutos y convertir en realidad el sistema universitario gallego. Galicia cambió profundamente. Jefes de Estado y de Gobierno que venían a España, pasaban por Galicia, ya que Galicia contaba.
Quisiera resaltar su aportación a la consolidación del Estado Autonómico, con la Administración Unica, La Participación de las Regiones en Europa, La Conferencia de Presidentes, la participación de las Regiones en el Consejo Económico y Social de España... y la Reforma del Senado, reto aún pendiente. También su entrega y devoción a los gallegos de ultramar a través de la Secretaría General de Comunidades Gallegas.
Galicia supo responder a su trabajo y entrega, dándole una holgada mayoría absoluta en las tres legislaturas siguientes.
Sobre todo quisiera recordar al Fraga humano. Durante once años conviví con él. Era el primero que llegaba a la sede de la Xunta. A las nueve de la mañana, todos los días, incluso los sábados, teníamos un pequeño equipo la primera reunión con él y allí trazaba la agenda del día. Atendía a todo el mundo. Era mucho mas fácil ver a Fraga que a cualquier conselleiro. Exigente, sobre todo consigo mismo y también con los demás. Tolerante, sin embargo, con los errores, apoyaba sin reservas a sus colaboradores y solo tenía una obsesión. Galicia. Nuestra tierra lo va a acoger en Perbes. Estoy seguro de que para la inmensa mayoría de los gallegos su tumba será un símbolo de amor y de ejemplo. Que Dios lo guarde en su seno.
(*)El autor fue conselleiro de Presidencia con Fraga

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