Martes 17.06.2008
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Para enfriar la precampaña, el señor Aznar llama a la defensa legal del castellano en las autonomías con lenguas cooficiales. Aviso alarmante en boca de quien presumía de chapurrear catalán en privado.
La coña que se traen los nacionalistas con la lengua propia y los españolistas con la imperial es de la clase plañidera: cada parte mantiene que la suya está amenazada por la otra o las otras. Pero como la utilizan de albaceteña en la lucha ideológica, ni unos ni otros están dispuestos a diseñar juntos una estrategia que asegure la protección y el disfrute pacífico de esos bienes culturales constitucionalmente protegidos.
Los imperiales sostienen sin rubor que la lengua oficial de España va camino de desaparecer allí donde concurre con otra vernácula (por lo cual proponen que la competencia plena en educación sea recuperada para la Administración central). Esto es lo mismo que afirmar que un boquerón sin bozal se zampará al marrajo. Tontería que una legión de personas sensatas cree a pies juntillas.
Los nacionales no se recatan: los idiomas minoritarios sólo sobrevivirán si su uso se hace obligatorio por disposiciones legales. Como si se hablaran por orden de la autoridad competente, y la voluntad e interés del hablante no contaran.
Que el español esté amenazado por las otras lenguas españolas es una perversión intelectual y política. Lo cierto es cabalmente lo contrario.

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