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Martes 17.06.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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Manuel Varela Duro

al sur

La Europa contemporánea

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Nicolaj Berdjaev, filósofo ruso expulsado de su patria y exiliado en Berlín, decía hace tiempo en una conferencia titulada La condición espiritual del mundo contemporáneo: "En la Europa contemporánea, el hombre se ha cansado de sí mismo, y busca apoyarse en algo. Podemos observar cómo se crean y se adoran ídolos en multitud de campos: en la ciencia, en el arte, en la vida del Estado, de la nación, de la sociedad. Si el comunismo materialista es una forma de idolatría social, el sistema capitalista, fundado en la atomización y en el individualismo, produce un estilo de vida impersonal y anónimo. En la civilización contemporánea se ha arrancado la idea cristiana del hombre, que todavía se conservaba en el humanismo. A la apostasía de la idea de Dios, ha seguido la degradación de la idea del hombre. Para Marx, el valor supremo no es el hombre, sino el colectivo social; para Nietzsche, lo es el superhombre, la raza superior. De ahí el racismo, la idolatría nacionalista y otros fenómenos sociales".

Hoy estamos en plena efervescencia de la Educación para la Ciudadanía. La encíclica Populorum Progressio trata del desarrollo integral del hombre. El problema fundamental de nuestra época es, sobre todo, el problema del hombre, su salvación de las redes de la decadencia, su destino, la solución de las cuestiones fundamentales de la sociedad. El desarrollo no puede reducirse al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, de toda la persona, en sus dimensiones social, científica, técnica y religiosa. En el año 2004, el presidente de Francia elegido hace apenas un mes publicó un libro titulado La República, las religiones, la esperanza. Muestra en él su deseo de una "laicidad positiva, que garantice el derecho a vivir la propia religión como un derecho fundamental de la persona. La laicidad no es enemiga de la religión, sino la garantía que tenemos cada uno de nosotros de creer y vivir la propia fe". La cultura actual -dirá Benedicto XVI- no pierde nada al abrirse a los contenidos de la fe, es más, requiere su adhesión consciente y libre.

 

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