Martes 17.06.2008
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Después de fichar un segundo de nombre, estaba visto que Mariano Rajoy no contaba con el alcalde de Madrid para su lista. Los dos salen perdiendo, y el partido.
Lo pierde todo Gallardón por haber metido los ahorros todos en una sola apuesta y creer que podía ganarle por la mano a una señora Aguirre atrapada por las incompatibilidades. Pero al hacer público con tanta antelación su deseo de entrar en el Congreso como diputado, levantó la liebre y le dio tiempo a su combativa competidora y aliados a desmontarle la habilitación para heredero. Ya se sabe, no por mucho madrugar amanece más temprano.
Pierde muchísimos puntos el enterrador, que presentó su decisión como salomónica (no lo es en absoluto, porque sólo pierde una de las partes litigantes). Por doble motivo: el miedo a la cercanía de rivales muy cualificados es certificado de mediocridad y ceder a las pretensiones del sector carcundio anula sus deseos de pasar por moderado. No es buena estrategia evitarse líos dejando sin resolver los que hay.
Y manda al electorado un mensaje de poco ánimo: no soporta que Gallardón y Aguirre estén en el Congreso porque presiente una derrota electoral y quiere abortar cualquier movimiento interno que pudiera terminar en su desalojo.
Ganan Zapatero y en la sombra acaso don Rodrigo Rato, que hace caja mientras sus rivales despilfarran su crédito. Va camino de convertirse en el deseado.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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