Viernes 19.03.2010
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El inesperado quiebro de Fidel Castro hacia la banda le ha roto la cintura a los que preferirían muriera de titular y enchufado a los tubos. Ahora temen que la obra sobreviva a su creador.
Figura admirada y odiada sin medida, pero con el mérito innegable de haber mantenido viva, con mucho viento, la antorcha idealista de una generación que quería curar las estructuras de la injusticia. Sin contar con el detalle de que la digestión de los bocadillos comidos en silencio impuesto es pesada. El ensayo dejó una certeza: los caminos a los huertos del Edén son pantanosos, y no hay mapas fiables.
Los caballeretes neoliberales y sus ideólogos de pacotilla esperan con ansia la desaparición del último revolucionario con cabeza y agallas, para poder dar tierra al socialismo y festejar con bombas la victoria final del capitalismo. Ni por un momento reparan en las consecuencias del fracaso de un modelo alternativo que servía de freno al mercado libre, puro afán de lucro sin asomo de humanidad.
La caída del comunismo soviético demostró que en un mundo interdependiente ningún país puede progresar con un sistema económico incompatible con el de la mayoría de los competidores. Pero este gran consuelo no resuelve nada.
No todo son tortas y pan pintado: la mayor parte de los hambrientos de la tierra viven en el mundo libre. ¿Dónde está la superioridad ética de nuestra idea de democracia?
Una verja rota y peligrosa
Nevera enchufada a xestas
Basura acumulada en Arzúa
Cabina inútil en A Estrada