Domingo 07.02.2010
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En el futuro, y siempre que la Justicia no lo impida, la planta de Mugardos tendrá gas. En el presente, acumula toneladas de contradicciones políticas. Reganosa es la prueba de que los criterios medioambientales son tan volátiles como las sustancias gaseosas, y las posturas de los partidos, tan móviles como la famosa donna de Rigoletto.
El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia acaba de darle la razón a la izquierda, a la de antes, se entiende. De acuerdo con la sentencia, la tramitación ambiental que se hizo en el fraguismo es nula. La noticia tendría que haber llenado de alegría a quienes encabezaron las protestas contra la ubicación de la planta, y, sin embargo, en vez de festejarla se recurre. Estamos ante un autorrecurso. Los socialistas y nacionalistas que gobiernan recurren lo que ellos mismos defendían cuando no gobernaban.
Nada habría que objetar a este cambio si fuese fruto de una reflexión, de un sesudo dictamen de una comisión de estudios, de nuevos peritajes que hayan demostrado que Reganosa no afecta para nada al ecosistema de la ría, ni disminuye su seguridad. Lo malo es que no hubo nada de eso. Todavía nadie ha explicado los porqués de una rectificación tan drástica y repentina.
Tampoco se entiende el ensordecedor silencio de asociaciones que, ante proyectos similares o mucho menos agresivos, se manifiestan ruidosamente o alertan contra un inminente holocausto. Sólo a un milagro cabe atribuir esta reconversión, parangonable a la experimentada por Saulo de Tarso. Alguien en el más allá ha decidido prestar cobertura al proyecto y tirar del caballo a casi todos sus detractores.
Haría bien Sousa-Faro en invitar a Tojeiro y pedirle prestado el abogoso santo que obró el prodigio. Sería cuestión de trasladarlo a Touriñán, o hacerle allí una ermita, para que esa inspiración que convirtió Reganosa en algo ecológico, y necesario para el desarrollo de Galicia entera, hiciera posible un cambio de actitud hacia la piscifactoría.
Los milagros siguen una lógica que no es humana. ¿Por qué la Virgen se apareció en Fátima y no en Mondoñedo? No se sabe. ¿Por qué la misma Xunta que recurre una sentencia para defender la planta de gas, se opone a otra de rodaballo? ¿Qué tiene el gas que le falte al rodaballo? Tampoco se sabe, y por ello hay que empezar a hablar sin remilgos del milagro de Mugardos.
El recurso contra la sentencia del TSXG tal vez influya en el incremento de la fe. Es más, cuando sea desvelado el nombre del santo responsable, San Benitiño y demás colegas autóctonos pueden ir retirándose. En contrapartida, disminuirá la confianza en la política industrial y medioambiental. La gente se quedará con la duda de si la piscifactoría se hubiese aceptado de estar en Mugardos, o si la planta de gas habría sido rechazada de tener a Sousa-Faro al frente.
Lo que diferencia una línea de gobierno del capricho es la objetividad de las decisiones. Los santos tienen todo el derecho del mundo a obrar prodigios aquí, y abstenerse allá, mientras que los dirigentes terrenales han de estar sujetos a un marco de actuación claro y comprensible por sus administrados. El de Galicia no es ni una cosa, ni la otra. Se basa en decisiones ad hoc, que hacen que resulte extraño que la ría de Pontevedra y la de Ferrol pertenezcan al mismo país y tengan el mismo Gobierno.
Quizá la explicación no esté en la tierra, sino en el cielo. Habrá en cada sitio distintas jurisdicciones celestiales, de manera que en un lugar, manda un santo poco celulósico, y, en otro, uno gasero.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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