Lunes 22.12.2008
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Porque nos abrió espacios enriquecedores durante cincuenta años de producción literaria. Espacios físicos, psicológicos, sociales y morales siempre entreverados, Diario de un emigrante, mundos interiores articulados en un espacio realista, El camino, Los santos inocentes, ambas con personajes estremecedores bajo una apariencia ingenuista. Aquella fábula de nuestro tiempo socializado y alienante, Parábola de náufrago. La prosopopeya de personalidades impactantes, Cinco horas con Mario, Señora de rojo sobre fondo gris. Los polos del arco biográfico, infancia y ancianidad, El príncipe destronado, La hoja roja,sendos tratados de psicología en forma de relato. Para qué seguir. Cito ocho y quedan veinte? Yo obligué mis alumnos a leer Delibes durante treinta y cinco años y no les entusiasmaba porque la literatura rara vez -y la escuela nunca- entusiasman. Pero las buenas letras tienen espoleta retardada y algún día aflorarán de modo impensable Daniel el Mochuelo, Quico y sus hermanos, Carmen y Mario, el Nini y el tío Ratero, Azarías y la Niña Chica, la Desi y don Eloy.
Delibes escribía un castellano muy leedero, con un ritmo sintáctico que gratifica la lectura e invita a continuarla. Y el deseo de una organización social más justa nos queda como un ansia al cerrar tantos libros de Delibes.
Descanse en paz ese cristiano viejo que tanta felicidad nos ha dado.

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