Viernes 24.05.2013
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Convocar o no convocar, esa es la cuestión. Por estas fechas de hace cuatro años, agosto de 2008, -el tiempo vuela- Touriño deshojaba la margarita de la fecha electoral. Los visionarios de su propio partido oteaban un cambio de tendencia en el horizonte, apremiándole a disolver el Parlamento. Los motivos eran, resulta obvio, exclusivamente de índole partidista. No había ninguna razón política, en el noble sentido del término, para finiquitar abruptamente la legislatura. Es más, Galicia gozaba, recordemos, de un plus deresistencia Tras un largo mes inmerso en el dilema, y en el límite de tiempo, proclamó solemnemente, desde Monte Pío y formato institucional, que no habría comicios en otoño. Pareció chocante tanta parafernalia y redoble de tambor para anunciar que no había anuncio, pero convenía dejar las cosas claras.
El presidente hizo lo correcto, actuó en función de los intereses de Galicia. Pero se equivocaría después al convocarlas para el 1 de marzo, cuatro meses antes del final de su mandato. PoTampoco había motivos.
Escribí por aquel entonces (El Correo Gallego, domingo, 3 de agosto de 2008) en contra del adelanto. Hoy, con otro titular de la Xunta, se reproduce la situación. Feijóo se enfrenta al mismo dilema y es de suponer que esté sumido en la duda hamletiana.
Esta vez no sé qué decir. Lo tenía muy claro antes de las andaluzas y asturianas, y así lo escribí. Hubiera sido positivo para el conjunto del Estado haber celebrado las gallegas al mismo tiempo. Y para la estabilidad política de Galicia, también. Hace medio año, el modelo tripartito en el Parlamento no corría peligro. Ahora sí. Hasta media docena de grupos pueden sentar sus reales en el Hórreo.
Por mucho que rebusco no veo a día de hoy la necesidad de un adelanto técnico, eufemismo de adelanto de conveniencia. Tengo la sensación de que hay coincidencia en que sean en otoño. En el PP, porque creen que las cosas pueden estar peor en primavera, y desde la oposición porque no sea que vaya a mejorar el panorama o que los ciudadanos, desarmados y exhaustos, se rindan a lo conocido.
Nos espera un otoño caliente. La calle hervirá. En la agenda del descontento está la subida del IVA, del paro, supresión de la paga extra, huelgas, manifestaciones, inicio de curso académico y juicio del Prestige, además de los imprevistos. Por el contrario, agotar la legislatura tiene mérito. Y más después de tanto precedente fracasado.

24.05.2013
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