Lunes 22.12.2008
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Usted se ha fijado en lo amarilla que está la torre de las campanas de nuestra Catedral, como si padeciera de ictericia. Es nuestra propia historia natural quien lo provoca: un liquen llamado Xanthoria parietina, que alegra el consabido gris del granito. La torre amarilla no padece del hígado sino que le da esa policromía que confiamos recuperar algún año de la capilla mayor de la Catedral, véanlo nuestros ojos. Andamos con la pena del andamiaje del Pórtico a cuestas y ello nos lleva a interesarnos de otras mejoras en la Catedral. Les ofrezco mi lista: retirada de paneles informativos a las entradas del templo, tan prolijos que nadie los lee; sustitución de los cuadros del Via Crucis, imperceptibles desde el suelo, por simples cruces. Compra de un palo largo y un escobón para quitar las telarañas del cimborrio: ya estaban en 1980 y me parece que las arañas empezaron a tejerlas pacíficamente en 1520 y en ello siguen. Sugiero que las pantallas de televisión, tan escasamente románicas, sean de quita y pon. Se utilizan poco y con un par de escaleras se enganchan cuando proceda, algo así como hacemos con el botafumeiro; es más galán y también lo retiramos cuando no se usa. Hablo de mejoras baratas. Las caras me las callo. Quiero añadir que el mejor interior para nuestra Catedral sería un interior diáfano sin aditamento ninguno. Nos encantaría el ritmo de sus columnas y pilastras.

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