Lunes 22.12.2008
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DE MOMENTO no hay mucho más. Tres grandes nombres (con el permiso del centrista en alza François Bayrou, con quien flirtea últimamente el Presidente) se reparten el pastel de votos de la República francesa: el conservador Nicolas Sarkozy, el socialista François Hollande y la ultraderechista Marine Le Pen (aunque a ésta le va a costar conseguir las 500 firmas de cargos electos necesarias para convertirse en candidata oficial). Los tres han conseguido afianzar un buen número de incondicionales. Sin embargo, y pese a lo que a estas alturas digan los sondeos de intención de voto (en Francia las encuestas de resultados se han equivocado repetidas veces), lo cierto es que en el país vecino cerca de la mitad de los ciudadanos con capacidad para acudir a las urnas no decidirán el sentido de su voto hasta el último momento. Es por ello que los tres candidatos con más posibilidades a conquistar el Palacio del Elíseo se estén dejando aconsejar estos días por avezados académicos del ámbito de la historia de las ideas y el pensamiento social, y traten de buscar esos mensajes mágicos, esas "ideas fuerza" que consigan llamar la atención de unos paisanos galos que bien se manifiestan desapegados de la política, bien se muestran enfadados con sus representantes (quizá tengan en mente sus 4 millones de parados y sus 10 millones de trabajadores precarios).
Por lo demás, antiguos cargos ministeriales como Dominique de Villepin, o el curtido Jean-Pierre Chevènement por un lado, y políticas con fuertes convicciones como la exmagistrada ecologista Eva Joly o la cristianodemócrata Christine Boutin por el otro, no parece que puedan conseguir más que el privilegio de sumar una cierta cuantía de votos a aquel candidato al que finalmente se adhieran. Lo que sí tendrán que decidir nuestros colegas limítrofes es si prefieren apoyar la retirada inmediata de las tropas francesas de Afganistán, subir los impuestos a los ricos, gravar los beneficios de los bancos, acabar con los paraísos fiscales, y crear un muro que proteja a la UE frente al mercado exterior, como propone François Hollande; arremeter contra la inmigración y eliminar buena parte de sus derechos, aplicar un proteccionismo nacional frente a la UE, y reivindicar la identidad del país, como defiende Marine Le Pen; o perdonar las cotizaciones sociales a las grandes empresas, gravar los depósitos financieros, aplicar una tasa a las transacciones financieras, crear un fondo de ayuda al sector industrial, y aprobar una ley que abarate los precios de las viviendas e incentive la construcción y el empleo, como plantea Nicolas Sarkozy. Sólo falta esperar a mayo para saber qué primera dama o dama consorte redecorará la residencia de la que fuera amante de la cultura y de Luis XV, Madame de Pompadour. .

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