Lunes 22.12.2008
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Andan los ánimos revueltos por la falta de agilidad del planeamiento, especialmente ante el frenazo que se produce en las tramitaciones debido al control del impacto medioambiental de los futuros desarrollos urbanísticos propuestos en los planes generales en tramitación. Nos quejamos del deterioro de nuestro territorio, de la destrucción sufrida por nuestro patrimonio construido, de la invasión depredadora de las construcciones en cauces y bordes de litoral etc.; la teoría supone que estos controles medioambientales van a ser las alertas que eviten que la destrucción continúe, se supone que van a garantizar planeamientos racionales respetuosos con nuestro medio ambiente y con los invariantes de nuestra cultura construida. Si el control medioambiental responde, se supone que evitará el asalto de las aldeas con tipologías ajenas, que evitará los voladizos corridos y desproporcionados ajenos a nuestra arquitectura, que evitará la destrucción de nuestros rueiros, que evitará el abonado del rural con urbanizaciones de arquitecturas ramplonas, que no sencillas, con soluciones de fachada de edificios de oficina suburbiales en pleno rural, etc.
Se quejan en Fisterra por las supuestas limitaciones de crecimiento que supone el paso por su casco urbano del Camino de Santiago; se quejan pensando tan solo en las posibles limitaciones especuladoras sin plantearse aprovechar esas limitaciones para exigir de la Administración ayudas al mantenimiento, a la restauración, a la reconstrucción de lo destruido, a la humanización de lo deshumanizado y a la recuperación, por ejemplo, de su fachada al mar. Otros pueblos de Europa, e incluso de España, han aprovechado su condición de punto de paso del Camino para embellecer sus casas y conjuntos urbanos, convirtiéndolos en atractivos puntos de parada y fonda. El hecho de ser Fisterra el punto final del Camino supone unas indudables posibilidades de crecimiento económico como destino turístico si el tema se sabe enfocar con imaginación.
Imaginemos la desilusión de los peregrinos que lleguen hasta allí buscando el Finisterrae de los romanos y encuentren el caosterrae de la arquitectura y el urbanismo del siglo XXI. Imaginemos a esos viajeros que seguro que buscaron la web de Fisterra antes de iniciar su viaje, imaginemos a esos peregrinos, engañados que encontraron unas preciosas fotos en blanco y negro de un pueblo con historia y personalidad y llegaron allí y se encontraron con que desde la propia web municipal se había ocultado la terrible realidad de la cultura arrasada. Para muestra, un botón, les animo a que lo hagan, que entren en la web, y después visiten la villa de Fisterra o que, sencillamente, entren en las imágenes del actual Fisterra que salen en fotos de Internet? sencillamente, llorarán.

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