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TORCUATO LABELLA

Sobre la inmigración ilegal

15.06.2018 
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LOS genetistas, por medio del estudio del ADN mitocondrial, hace años que llegaron a la conclusión de que todos los humanos descendemos de una mujer que vivió en África hace unos 200.000 años Y desplazándose desde ese punto, a lo largo de los milenios, la especie humana ha terminado habitando todo el planeta. A esto se le llama inmigración y es consustancial con el hombre (y la mujer, vayamos a que se cabreen conmigo las feministas). Por lo tanto este fenómeno no es nuevo. Es ancestral y connatural con nuestra especie.

Se emigra por muchos motivos, pero hay dos fundamentales: para huir de algún peligro (guerras o persecuciones por motivos raciales, religiosos o ideológicos) y para buscar mejores condiciones de vida. Los primeros son los refugiados, de los que no voy tratar, y los otros son los inmigrantes por motivos económicos.

La inmigración, masiva actualmente, está condicionada por causas que antes no existían. La rapidez de los transportes modernos y las comunicaciones. Los primeros facilitan el desplazamiento en poco tiempo a grandes distancias y las segundas hacen que las noticias lleguen puntualmente a lugares lejanos. Esto permite, que las personas puedan trasladarse con relativa rapidez desde su lugar de origen a cualquier punto de la tierra y además estar informados de cuáles son los sitios a donde establecerse en las mejores condiciones y con mayor seguridad, a lo que contribuye alguna oenegé.

Por medio de las comunicaciones, la gente que vive en países en donde las condiciones de vida no son las ideales, está bien informada de que en los estados europeos, de entrada, no van a ser rechazados, que se les va a proporcionar los elementos vitales necesarios como para alimentarse, tener ropa y cobijarse, además de cobertura sanitaria para ellos y sus hijos y también escuela para estos. Si esto ocurre en los países de la civilización occidental es por algo. Y ese algo es la concepción ética que se tiene aquí de cómo hay que comportarse con el prójimo.

Y se tiene ese concepto por la impronta cultural que a lo largo de dos milenios ha incrustado en nuestra mente el concepto de caridad (hoy rebautizada como solidaridad) que predica el cristianismo. Así, que sepan los ateos y las oenegés no religiosas que si piensan así es por la impronta cristiana que, inconscientemente, les ha impregnado el cerebro el cristianismo, uno de los pilares de la civilización occidental. Nadie verá en ningún país musulmán rico que haya inmigración masiva, aunque sea la caridad uno los preceptos del Islam. Por algo será.

Ahora, considerando sólo la inmigración económica, hay que manifestar la cruda realidad, aunque ya sé que es políticamente incorrecto. Uno de los mitos, es que vienen de los países subsaharianos los más desfavorecidos y los más débiles. Y eso es completamente falso. Vienen los más fuertes o los que tienen bastante capacidad adquisitiva como para costearse un viaje que puede alcanzar alrededor de 5.000 euros, según decía Europa Press en julio del año pasado.

Como las mafias que trasportan a los inmigrantes cobran esto, el objetivo es inalcanzable para un sujeto que tiene que vivir en su país con un euro al día. Pero vamos a echar cuentas. Una persona, por ejemplo de Burkina Faso, que sea pobre pero tenga un trabajo y cobre allí el salario mínimo que está en 49 euros al mes (según Fundación Sur), para pagar los 5.000 euros a las mafias, dedicando todas sus ganancias sólo a eso, tardaría sobre nueve años en ahorrar el dinero para llegar a Marruecos. Aquí, para pasar el estrecho y llegar a España, tendría que abonar entre 1.000 euros, si es en patera, a 5.000 si es en moto de agua, según se leía en El País de 17 de agosto del año pasado.

O sea, que a un inmigrante venir desde Burkina Faso u otro país subsahariano, le cuesta entre 6.000 y 10.000 euros, lo que es absolutamente inasequible para un pobre de allí. Para hacernos una idea, vamos a hacer la comparativa con una persona que cobre el salario mínimo en España, que está en 736 euros al mes. Eso hace en nueve años cerca de 80.000 euros. Pregunto, ¿alguien de aquí que gane el salario mínimo podría disponer en nueve años, por mucho que ahorrara, de 80.000 euros? Por lo tanto, el emigrante que viene, no es pobre en su tierra.

Sobre los débiles, no hay más que ver que son verdaderos jóvenes atletas los que saltan las vallas de Melilla y Ceuta. O sea, desgraciadamente, no vienen ni viejos, ni pobres ni débiles, lo que, por otra parte, es lo normal, porque es ley de vida. Los pobres se quedan allí.

Médico