El Correo Gallego

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JAIME BARREIRO GIL

Difícil asunto

14.06.2018 
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NO digo que me duela no haber sabido anticiparme al resultado de la moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, desde luego que no. Pero sigo sorprendido, pues no entiendo el buenismo sobrevenido de los separatistas catalanes al votar que sí. Ya sé que no es tanto que hayan votado a favor de Sánchez como en contra de Rajoy, simplemente, y que ambas cosas no era posible hacerlas por separado en aquel acto.

Eso, que era mera circunstancia, quedó contundente matizado en el discurso del diputado Tardá, esforzándose en marcar todas las distancias posibles con el constitucionalismo que, a pesar de todo, representaba allí Pedro Sánchez más incluso que Rajoy (PP) y Rivera (Cs). El portavoz de Esquerra hizo cuando pudo por "separarse". Y siendo comprensible que votara no a Rajoy, porque así ayudaba a descabezar al "Estado español", no lo es tanto, creo yo, que vote si a Sánchez, que, cualquiera que sea la circunstancia, lo encabeza de nuevo, sin duda.

Sánchez, además, pondrá las cosas más difíciles para el separatismo que Rajoy. Que los socialistas abran una nueva dinámica de búsqueda de diálogo y, si fuese posible, incluso consenso, con la Generalidad de Cataluña y las fuerzas políticas independentistas que ostentan su gobierno, sea cual sea su calado y virtualidad, también las obliga a ellas a replicar en los mismos términos dialogantes, al menos inicialmente, explicitando sus planteamientos en los únicos términos en que ambos, socialistas y separatistas, pueden intentar acercar posiciones: la legalidad constitucional. No hay más.

El discurso de la vuelta a la legalidad, sin embargo, es fácil para el PSOE, pero difícil para los separatistas. Para empezar, se parecería bastante a lo que la CUP denomina el autonomismo, con lo que su asunción por parte de la Generalidad podría suponer una inmediata retirada de su apoyo parlamentario, cuando no un nuevo sesgo de enfrentamiento entre los propios independentistas, provocando aún más inestabilidad política e institucional en Cataluña. Sólo con eso, ya bastaría para verlo difícil.

Pero es que, además, esa vuelta a la legalidad con voluntad negociadora, para los socialistas, como han dicho, implica también la asunción de la conveniencia e inevitabilidad de una reforma constitucional. Y esto, como es obvio, no es posible, ni sería deseable, a mi entender, sin el concurso nada menos que del Partido Popular. Tendría que haber, pues, un diálogo y acuerdos a tres bandas: socialistas, separatistas y conservadores, que es aún mucho más difícil de imaginar, hoy por hoy, posible. ¿O no?

Doctor en Economía