El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

JAIME BARREIRO GIL

Estábamos avisados

04.01.2018 
A- A+

CUANDO oí decir a Artur Mas que lo principal en política era la astucia, sólo pensé que era una muestra de esa gente que cree que un político es básicamente un listillo, eso, un tipo astuto, que sobre todo anda en el oficio para beneficiarse de lo que ni quiere ni puede decir a las claras. Una manera de entender la política como arte oscura, opaca, nada transparente, al contrario, en la que se juega por ganancia, para ganarle a otro, como con los naipes. El diccionario no le añade juicios morales a la palabra astucia, pero los humanos menos letrados sí que se los ponemos. Un tipo astuto es ese del que no te puedes fiar del todo. Tiene doble fondo.

Y cuando el dilecto prócer, -que la CUP vetó como aspirante a renovar cargo en la presidencia de la Generalidad de Cataluña sin más explicaciones que señalarlo como referencia de las corruptelas de CiU, en su condición de uno de sus más altos responsables-, pues digo que cuando dijo aquello estábamos en las puertas de inicio de lo que luego dio en conocerse como el proceso de secesión de la comunidad autónoma catalana. Pero, tonto de mí, no llegué a darme por enterado de que las palabras del aspirante expurgado fuesen toda una premonición, un aviso, un anticipo en toda regla de lo astuto que iba a ser el dichoso proceso. Ni siquiera llegué a entender por qué Artur Mas era el expresidente de la Generalidad que asistió a más plenos del Parlamento de Cataluña desde el palco de invitados, como diciendo, con astucia sobreentendida, claro, ¡miradme, estoy aquí, me echasteis, pero no me he ido!

Vuelvo a decirlo, tonto de mí, que no logré darme cuenta de que se nos estaba mostrando entonces la partitura del gran concierto, o bueno, también se puede decir desconcierto, que estaba a punto de ser interpretado. Mas y CiU y el pujolismo iniciaban su experiencia de transfiguración hacia la redención política, por vía independentista. ERC se sumaría pronto al plan, pero como sujeto oportunista al que fueron abriendo puertas políticas los demás, el PSC primero, en una coalición gubernamental, y CiU después, necesitada de buenas compañías para ocultar su propio pasado, envolviéndose en la bandera, vamos.

Todo lo demás fueron añadiduras, incluida la sorpresa, para Mas, quiero decir, de que el subalterno, con contrato temporal y el encargo de guardar la plaza hasta su retorno, le saliese rana y se encaramase también él en el globo aerostático de la vanidad nacional. Porque eso es Puigdemont: un globo inflado.

Así que estábamos avisados, pero no nos enteramos. O al menos yo. Y ahora ya ...

Doctor en Economía