Lunes 22.12.2008
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Si a la derecha conservadora, reaccionaria, cavernícola, ante-diluviana etc., etc., se le ocurre detener, engrilletar, zapatear, etc., etc., a un negro que luego resultó ser un científico con más de 25 patentes internacionales y más de 100 artículos científicos, es probable que a esta hora estaríamos presenciando un debate en el Parlamento con petición de dimisión del ministro del ramo. El 30 de septiembre de 2000, escribí en estas mismas páginas, una columna titulada Rajsha es negro. Rajsha fue un tipo negro venido en patera que me vendió los triángulos de señalización vial que por aquella época se hicieron obligatorios. Ya dije entonces que su vida, como la de otros, la marcaba el color. Entre Rajsha y Aweya hay diferencias. Pero no tantas. Uno vino en patera. El otro, en avión. Uno se quedó, el otro se marcha con intención de no volver después del trato recibido. Uno analfabeto, el otro ilustrado. Pero los dos son negros y su vida la marca un color: el negro -todavía-, quién lo iba a decir.
Es tiempo de cacerías, de muflones muertos, de negros al plato, de deportaciones, de auxiliar a nuestros trabajadores ante la avalancha de extranjeros que compiten por cualquier trabajo. Hay escasez. Un sociólogo me dijo un día que sólo el hambre aparta a un ser humano de su familia y le da el valor de enfrentarse a la muerte. Lo estamos pasando mal; todos, pero más, los desfavorecidos. No olvidemos que un gobierno -socialista- dijo un día: viva el mundo sin fronteras, pasen y vean. Ahora un gobierno socialista dice: billetes gratis de vuelta para todos. Pura progresía.

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