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políticas de babel

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

El gran año de Trump

11.11.2017 
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HA tenido reveses con sus órdenes antiinmigratorias; su reforma sanitaria ha sufrido inesperados tropiezos; son muchas las incógnitas de su reforma fiscal; la pesadilla de la supuesta injerencia rusa sigue generando escándalos; y hasta el diseño de su muro frente a México se le sigue resistiendo. Pese a todo, el balance del primer año resulta altamente positivo para D­onald Trump, como demuestra un crecimiento de la economía superior al 3 %, un desempleo del 4,1 % (el menor en 17 años, y con más de 200.000 nuevos puestos de trabajo al mes), un aumento de los salarios del 2,3 %, o unos niveles de actividad económica y de confianza consumidora e inversora brutales.

Tolo ello lo convierte en uno de los presidentes de la historia de EE UU con mayor rendimiento en su primer año de mandato, muy superior al de Barack Obama.

Incluso esa Resistencia que se generó desde su llegada al poder ha terminado debilitándose por precipitada, desorganizada y s­eccionada en grupúsculos más ansiosos por lograr efímeros avances en sus demandas, que por diseñar una estrategia común contra Trump. Quizá por ello, transcurridos ya doce meses desde aquel 8 de noviembre de 2016 en el que se hizo con las llaves del Despacho Oval, e incluso pese a su bajo índice de popularidad, todos los sondeos aseguran que, si hoy se repitiesen las elecciones presidenciales, el neoyorquino se volvería a hacer con el bastón de mando de la Casa Blanca.

Decidido a reforzar su imagen y su compromiso económico, militar y de seguridad en el exterior, no duda en crear una ambiciosa alianza en torno a Japón y Corea del Sur, al tiempo que solicita a su "amigo" Xi Jinping una mayor colaboración de China para frenar el programa nuclear de Corea del Norte, y hasta le ofrece un nuevo pacto comercial. Verlo esta semana al lado del ahora cercano mandatario chino mientras sonaba a bombo y platillo, y en el propio Palacio del Pueblo de Beijing, el popular himno de Estados Unidos, constituye una muestra inequívoca del perfil no tanto camaleónico, cuando práctico, de un empresario transformado en político que sabe usar las herramientas más eficaces de ambas profesiones para obtener el resultado y el beneficio perseguidos.

Su recelo en torno a los efectos del cambio climático, evidenciado en su alejamiento del Acuerdo de París; sus restricciones al desbloqueo de Cuba; sus deseos de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA); su desconfianza hacia el Acuerdo Nuclear con Irán; y hasta su huida del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), en vez de ser interpretados ya como desafíos imperdonables de Trump, comienzan a ser vistos incluso por sus detractores como advertencias de los peligros e injusticias que todavía perduran en el panorama internacional, o como posicionamientos pretendidamente beneficiosos para su país.

www.josemanuelestevezsaa.com