El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

La ficción crítica

07.10.2017 
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MUCHAS series hablan de manera indirecta de la actualidad. Y en ocasiones, de manera muy directa. Desplazarse a otro tiempo sirve para ganar perspectiva, pero los mensajes están ahí. En los últimos años ha habido una notable producción de ficción política, rápidamente superada por la realidad de Trump, y otras incómodas realidades. Lo que hemos visto en ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ y, sobre todo, en ‘House of Cards’, habla de la intertextualidad del presente, de la necesidad de producir arte con materiales de la realidad, sin que se sepa muy bien quién influye en quién, o si la influencia es mutua. El propio Trump es un presidente muy televisivo, criado a los pechos de la nueva televisión de la telerrealidad, y en este plan. No extraña que su forma de actuar se parezca tanto a los códigos del mundo catódico, incluyendo esa tendencia al suspense. Como el otro día, cuando soltó a los periodistas: “tal vez esto sólo es la calma antes de la tempestad”. Así, sin mayores explicaciones. Involucrar a los ciudadanos en el suspense de lo que va a pasar mañana es llevarlos a la incertidumbre, es decir, al sufrimiento: los políticos no tienen derecho a hacer eso.

Pero es verdad que las series han bebido de los lados más surrealistas de la realidad contemporánea. ‘Veep’, otra vez premiada y aclamada en los Emmy de este año, es un ejemplo perfecto de la importancia (y la necesidad) de la sátira política, que vive su momento dulce, con un personaje tan extraordinario, tan divertido, tan genial, como es Selina Meyer (Julia Louis-Dreyfus). Sólo los shows humorísticos, como hemos dicho otras veces, han dado la talla en lo que se refiere a la imaginación crítica, hasta el punto de que muchos se han ganado el favor de la audiencia en detrimento de los informativos tradicionales. Hoy hay mucha gente que se nutre a diario de los shows de humor. Las series históricas también sirven para leer la actualidad, o para criticarla. Es más cómodo que hacer ficción sobre el presente, y sirve, además, para abrirse a otras audiencias. ‘El ministerio del tiempo’, de la que tanto hablamos aquí, no es una serie histórica propiamente dicha, pero sus mensajes directos e indirectos hacia nuestros tiempos convulsos son continuos. Los guionistas no paran de mandar guiños críticos a la audiencia, guiños que tienen mucho que ver con la vida política actual. Y eso contribuye a crear ese humor, un poco distante y amargo, que tiene a veces esta brillante serie española, cada vez menos lineal, cada vez más compleja y oscura.  

Construir una crítica del presente desde otras épocas sucede cada vez más en la literatura. Esta semana tuve la oportunidad de conocer y escuchar a la gran Nell Leyshon, en un acto literario en Cronopios: su gran novela, imprescindible, ‘Del color de la leche’ (Sexto Piso) utiliza a un personaje del siglo XIX, Mary, para hablar de la explotación de las mujeres y del poder que da el conocimiento y la educación, vedado a las niñas tantas veces. La ficción es un gran vehículo para la crítica, para desnudar las verdades del pasado, pero también las del presente. Y quizás, si todo va mal, las del futuro: ahí está ‘The Handmaid’s Tale’, en plan distópico, siguiendo la gran obra de Atwood. Imprescindible, también.