El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

¿Guerra fría?

17.04.2018 
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LA SATURACIÓN informativa es, en cualquier caso, mejor que la realidad misma. No es igual que te saturen de noticias, verdaderas o falsas, que del terror cotidiano que impera en algunos lugares. Pero de alguna forma ya empieza a ser difícil discernir entre lo que proponen algunas series de televisión muy cercanas a la vida real y la realidad misma. ¿Quién copia a quién? ¿Quién bebe de quién? Hay un solapamiento entre los guiones de la vida y los guiones de la ficción. Y, desde luego, la ficción sale perdiendo. Vivimos una época absurda, algunos han dicho. Se dan todos los ingredientes para el triunfo de la estupidización colectiva.

Por un lado, empezamos a saber que la tecnología nos educa superficialmente. La imagen es bella, pero directa como la flecha que ha de partir del arco. Se ha perdido la costumbre de leer, de interpretar. La gente enfila los titulares y, lo mismo que pasa con los tuits, ya construye un mundo sobre eso. Una filosofía. Algunos incluso gobiernan con esos mimbres. La superficialidad es peligrosa. Simplifica las verdades y también las mentiras, engaña a la vista. Pero tal vez es de lo que se trata. Del gran engaño. De la gran ilusión. Asombrados con la tecnología rápida, creemos que el mundo vive en nuestro móvil. Creemos que es nuestro control remoto del planeta, pero resulta que, en realidad, es el control remoto que los grandes poderes que no vemos, pero cuyo aliento sentimos, usan para manejarnos. Saturados de información, sí, pero apenas sabemos nada.

Lo cierto es que el mundo se enfrenta a conflictos dispares en los que conviven el pasado y el futuro. Podrías creer que las guerras convencionales desaparecerían, que todo iría girando hacia el mundo virtual, y que pronto todos los combates serían cosa de los datos y de las noticias, como ya empieza a ocurrir, pero sin muertos de verdad. La especie humana, sin embargo, no suele perder ocasión a la hora de desplegar sus armas. Y así, la realidad nos ofrece una mezcla de guerras de otro tiempo con guerras del futuro, incluyendo equilibrios nucleares, misiles de última generación, y, por supuesto, un montón de ojos desplegados por el ya inevitable Gran Hermano. Si a ello se une el momento político, que eleva a la máxima autoridad a personajes de difícil catalogación, por decirlo suavemente, que no parecen detenerse a la hora de inyectar tensión al orden global (como también ocurrió en otros momentos de la historia), quizás nos acerquemos a la definición perfecta de la expresión ‘jugar con fuego’. Dice Antonio Guterres, el secretario general de las Naciones Unidas, que volvemos a la Guerra Fría. Pero que es una Guerra Fría que se alimenta del bocado frío de la venganza. Ignoro si es cierto. Y si lo es, se trata de una Guerra Fría mucho más compleja, porque ahora son muchas las variables que hay que tener en cuenta, no dos grandes bloques enfrentados. El mundo es hoy un puzle de grandes poderes, un laberinto de difícil salida, en el que se dan cita guerras comerciales y cibernéticas, que parecen las espitas por las que se libera la tensión del enfrentamiento directo. Vivimos momentos de pensamiento frágil y banal. ¿Décadas de educación deficiente? ¿Ciudadanía fácilmente engatusable? ¿Superficialidad y maniqueísmo?