Lunes 22.12.2008
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La UMD -este siglo de siglas-, la Unión Militar Democrática ha estado de actualidad estos días por la entrega a alguno de sus miembros de la Cruz del Mérito Militar, por parte del Ministerio del Ejército. La Justicia siempre se impone aunque, muchas veces, tarde más de lo debido. La UMD estaba formada por unos cuantos militares que, en pleno franquismo, quisieron democratizar el Ejército y homologarlo con los de los países de nuestro entorno. Querían algo muy simple y que ahora nos parece elemental, pero la época era la época: su deseo era que el Ejército fuese algo estrictamente profesional y supeditado, en todos los casos, al poder político y al pueblo del cual emana todo poder legítimo, porque el ilegítimo no desciende de nadie sino de un grupo o de una persona. Lógicamente, el poder de aquel entonces reaccionó como sabía y formó Consejo de Guerra a los militares díscolos que fueron separados del Ejército, que era su vida y su ideal.
La revolución de los claveles de 1974 en el país hermano abonaba este movimiento: se trataba de cambiar las circunstancias de una manera pacífica, sustituyendo las balas por flores, ¡vano empeño! El poder trituró el movimiento y los militares patriotas no fueron reconocidos por nadie; incluso la Transición, tan modélica en muchos casos, se olvidó de ellos como si se tratara de unos apestados. Se me ocurre que lo que querían hacer estos militares ahora galardonados era algo muy sencillo: escribir al revés la historia de España, renunciando a todo poder de casta y que en el país mandara el pueblo y no las Salas de Banderas de cualquier cuartel.
Quisieron hacer, con la buena voluntad de la gente honrada, un antipronunciamiento, a sabiendas de que España, a lo largo de más de un siglo, no contempló más que pronunciamientos militares, con las secuelas que todos conocemos. La Justicia tardó en ser justa, valga el pleonasmo, pero el tiempo es ya lo de menos.

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