Domingo 26.05.2013
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LAS CIRCUNSTANCIAS cambiantes y adversas de la economía local y global han hecho que ahora todos seamos mucho más activos políticamente hablando. Opinamos tanto sobre los temas que nos afectan directamente, como sobre aquellos que trascienden los límites de nuestra propia influencia laboral o geográfica. Y es que todo parece estar relacionado. Una especie de responsabilidad social (incluso necesidad moral) parece obligarnos a ello. También el hecho de saber que, como aseguran día tras día los analistas políticos y los cronistas internacionales, muchas de las contrariedades que inquietan al ciudadano común se deben a decisiones políticas mal tomadas, insuficientemente reflexionadas, o apenas consensuadas. Medidas, decretos y disposiciones mal gestionadas que repercuten en el pueblo de manera ineludible, y cuyo origen debemos situar tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
La única manera de enfrentarnos a los caprichos de las grandes economías y a los dictámenes de los fatídicos mercados asociados, es a través de la política. Hay dos actitudes posibles: sucumbir ante las presiones del "negocio", o enfrentarse a ellas con firmeza y determinación. Para ello, además de buscar fórmulas que acentúen políticas fiscales y económicas comunes, y recetas de equilibrio presupuestario y solidaridad monetaria real, debemos hacer limpieza y empezar de cero. Limpieza con respecto a los Tratados que han nacido viciados y cargados de prejuicios internacionales, y limpieza también con aquellos que los gestionaron buscando el bien particular en vez del bien común.
Los errores cometidos en el seno de la Unión Europea hasta la fecha tienen nombres y apellidos. Pero sus causantes viven felices y al margen de un entramado político que se ha demostrado fallido. Si sus nombres se conociesen y sus actuaciones se juzgasen, quizá los que tienen el poder ahora obrarían con más tiento. Y lo mismo debería suceder en cada uno de los Estados de la Unión. Lo que no es de recibo es que la mala gestión política quede sin escarmiento. O que líderes y equipos que actuaron negligente, apática e indolentemente cuando tuvieron el poder, ahora se conviertan en el azote de quienes deben encarar no solo los rigores del presente, sino también los desaguisados de los que les precedieron. El que gestione mal y ponga en riesgo la libertad, el bienestar o la riqueza de los países, debe pagar por ello. Solo así las decisiones se tomarán con la prudencia y el consenso necesarios. Solo así aflorarán esos ansiados pactos de Estado. Solo así evitaremos el esperpento de ver cómo ciertos políticos son juzgados a diario por aquellos otros (también políticos) que deberían estar procesados.
www.josemanuelestevezsaa.com

25.05.2013
Pintadas en la sede compostelana de Cruz Roja
Pintadas en el mobiliario urbano de Fontiñas
Basura ‘adornando’ la iglesia de Santa Susana
Paneles que no informan de lo debido
La plaga de pintadas continúa avanzando