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JOSÉ LUIS BOUZA ÁLVAREZ

De Koestler a Aramburu

02.05.2017 
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LA selección hecha por el profundo y admirable Arthur Koestler de sus ensayos políticos y otros escritos que parcialmente se publicó aquí como En busca de la utopía (Página Indómita, Barcelona, 2016), contiene un artículo en el que el antiguo revolucionario consideraba ya hace 60 años “un dilema sobrepasado” la disyuntiva izquierda-derecha. Muestra allí como solo “el poder mágico de las palabras” perpetuaba la dicotomía tras haber colapsado en 1914 el viejo combate –inherente al cosmopolitismo socialista–, contra las barreras y la estrechez mental chovinistas, de modo que tal disyuntiva, tras haber polarizado la vida ideológica, había perdido significado. ¿Cuál será la próxima mutación de conciencia? se preguntaba viendo aún a la gente “hipnotizada por los anacrónicos cantos de batalla izquierda-derecha.” Koestler no vivió para ver que la nueva izquierda sería la vieja derecha. Hoy sabemos que mutó al chovinismo e hizo suyos postulados de la derecha de 1914.
Y así llegamos a la novela Patria de Aramburu, ambientada en una de las villas vasco-navarras en las que ETA se movía como pez en el agua. Su primer acierto es señalar el carácter tradicionalista de la vida de esas viejas villas. A mi juicio, el inconsciente social permitirá reconvertir fácilmente al viejo tradicionalismo carlista en chovinismo social abertzale, en izquierda “mágica” o derecha de 1914. No quiero decir que el carlismo –tradicionalismo rural de gente que no asesinaba– se llamase luego ETA, sino que sus rasgos ruralistas y reaccionarios le permitieron mutar fácilmente en el inconsciente en clerical-socialismo abertzale. Una anécdota: Años de plomo. Un anciano ante la televisión. En la estantería el recipiente de cristal que Carlos VII había regalado al antepasado en agradecimiento por la hospitalidad de aquella noche en que el rey carlista durmió en el hogar familiar de Azpeitia. Aparece Arzallus en pantalla diciendo aquellas cosas que decía. De pronto –dice mi amiga–, mi padre comenzó a echar pestes: “¡Qué dice este hombre! ¡Si se levanta su padre, que conducía el autobús entre Azpeitia y San Sebastián y estuvo conmigo en el tercio de San Ignacio…!”. El carlismo no se confunde ni con el nacionalismo exaltado de Arzalluz ni con ETA. Como muchos se hacen un lío con la izquierda y la derecha, es bueno leer a Koestler. O al propio Aramburu: si en la novela Miren reza a San Ignacio por el éxito de las ekintzas o acciones de ETA, en su hijo este integrismo católico se hace ya sin saltos un nacional-socialismo ateo.
Catedrático de Arte