Lunes 22.12.2008
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Con una vida larga, activa y extraordinariamente fecunda, el fallecimiento de Feliciano Barrera deja un doloroso vacío no sólo a quienes tuvimos ocasión de conocerlo y de tratarlo como amigo, sino también a esa innumerable cantidad de personas que han reconocido y admirado el noble espíritu emprendedor de este gallego universal.
En un día de pesar para nuestra común tierra gallega y, por extensión, para toda España, recordar la figura de Feliciano Barrera es, ciertamente, reconocer una trayectoria de éxitos sin apenas paralelo en nuestro mundo editorial. Pero ante todo implica ponderar la ejemplaridad sin fisuras de una persona íntegra y esforzada, dotada de la mayor generosidad de espíritu, de un hombre hecho a sí mismo que nunca olvidó sus vínculos y arraigos y que sustanció esa lealtad a su tierra y a sus gentes con el desarrollo de un mecenazgo social sin precedentes en el ámbito de la educación, las artes, la cultura y el deporte.
Partidario siempre de "una fusión entre empresa y sociedad", como dejó dicho en estas mismas páginas, Feliciano Barrera supo mejor que nadie de "la rentabilidad social de crear puestos de trabajo". Y de los diarios a la radio o la televisión, de la consultoría a la hostelería o la banca, fueron miles los puestos de trabajo que creó Feliciano Barrera en seis décadas de dedicación y de experiencia que le dieron la autoridad vital de los grandes maestros.
En el magno legado de Feliciano Barrera, su trabajo como editor de EL CORREO GALLEGO, entre otras empresas, representó una apuesta sostenida en favor de una Galicia integradora, moderna y sin fronteras, con la apertura de miras y la estima por lo propio características de quien fue un hijo de la emigración. Como empresario de la comunicación, su labor en pro del pluralismo, la libertad de expresión y la puesta en valor de la cultura fue, sencillamente, inabarcable, contribuyendo de modo determinante a mantener "esa conversación de una nación consigo misma" que es el mejor periodismo.
Fuimos no pocos, en efecto, los que tuvimos ocasión de aprender de él, de primera mano, el papel insustituible que tiene la prensa de calidad a la hora de nutrir a una sociedad mejor informada, más crítica y más libre. Fiel a su visión y a su responsabilidad, don Feliciano era un firme convencido de que apostar por los valores imperecederos del periodismo es determinante para reafirmar la función de la prensa en una sociedad abierta y asegurar el dinamismo y la prosperidad de un sector vital para un país.
En los tiempos difíciles que atravesamos, el ejemplo de autosuperación de Feliciano Barrera, su trabajo desprendido y generoso, así como su incesante preocupación por su comunidad y sus paisanos, constituyen un modelo digno de emulación para todos, una referencia de rectitud y una lección difícilmente mejorable de la repercusión que puede tener el trabajo de una persona de bien en beneficio del conjunto de la sociedad. Por eso, en la hora del fallecimiento de Feliciano Barrera, en estos momentos de intenso dolor para su familia, sólo cabe encontrar algún consuelo repasando la herencia imborrable que su vida nos deja.

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