Lunes 22.12.2008
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D esde Europa nos acaban de colgar la medalla de depredadores urbanísticos, de corruptos y de depredadores medioambientales. Las fotografías que, al efecto, salieron en TV emitidas desde la Europa de allende los Pirineos no deja lugar a dudas: demoledoras moles de edificios sobre el borde de mar testificaron la gravedad y veracidad de la denuncia. ¡Nos hemos cargado la costa!
La Eurocámara, en voz de la diputada verde Margrete Auken, denunció los abusos sobre el territorio. Ya en 2005, 2007 y 2008 hubo otras denuncias. Una resolución de la Cámara Europea en 2007, condena "los proyectos de urbanización masivos" que no responden a las "necesidades reales" de las poblaciones y tienen "efectos desastrosos" medioambientales, históricos y culturales"; así pues, esta resolución ya denunciaba la especulación.
Desgraciadamente, no sirvió de nada. Las voces de los parlamentarios europeos eran cadena de transmisión de las quejas de ciudadanos españoles o europeos residentes en España que clamaban justicia especialmente ante la destrucción de la costa española, ante la permisividad para la construcción de grandes y agresivos complejos en primera línea mientras que la ley impedía la restauración de viviendas o la construcción de nuevas pequeñas unifamiliares independientes.
Cataluña, Valencia, Andalucía, Canarias, etc. han permitido, a través de un modelo urbanístico propio de países tercermundistas, acabar con la belleza de sus costas. Marbella o Benidorm se han convertido en el modelo urbanístico adoptado.
Pide el referido Informe la "indemnización adecuada para las víctimas de los abusos urbanísticos". ¿Como indemnizar al que, teniendo una casa en primera línea de mar, de la noche a la mañana vio alejarse la costa mar adentro, gracias a un relleno de 300 metros, y al que perdió el sol cuando, delante de sus ventanas, le colocaron una mole de siete plantas, eso sí, de cristal. O ¿cómo indemnizan a los que les colocaron enormes tanques de gas?, ¿cómo indemnizar a todos los ciudadanos a los que se priva de ver el mar desde la carretera cuando se construyen edificios pantalla?, ¿cómo indemnizar a todos los ciudadanos a los que, a pesar de patalear, hemos asistido a la degradación consentida de los pueblos? ¿Cómo se castiga a los que lo hicieron?, ¿cómo se castiga a los que los permitieron?, ¿cómo se castiga a los que se lucraron en perjuicio de los intereses de todo un pueblo?
El tamaño de la desgracia es tan grande que no tiene remedio, habrá que plantearse cambiar la legislación ya, para que estos atropellos no vuelvan a suceder, para que el cáncer se frene, habrá que castigar y, con buena puntería, habrá que intentar remendar lo remendable.
De todo esto, lo que más me indigna es que, unos y otros, nuestros políticos, los responsables de la degradación, de la destrucción y de la corrupción solo se preocupan por la posible pérdida de los fondos estructurales, no he oído a ninguno hacer público un acto de contrición con propósito de enmienda.

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