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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

¿Líder o marioneta?

12.07.2018 
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TIEMPO de adioses. En el Madrid salidas florentinas de Zidane y Cristiano y en el mundo agitado de las Mareas la crónica del despido anunciado de Villares, al que se le está aplicando un proceso judicial al revés. Primeramente el tribunal mayormente compuesto por los tres alcaldes decide la sentencia y posteriormente se hace la instrucción para que quede bonito, en base a acusaciones vagas, incompatibilidades difusas o desencuentros nunca explicados del todo. Es verdad que el aún líder del populismo galaico no ha ganado títulos ni marcado goles, pero servía como reclamo a los electores que recelaban del pasado político trashumante de los tres regidores y otros destacados miembros de la confluencias.

Además don Luis no salía (el tiempo en pasado nos ha salido sin querer) del activismo profesional, sino que era (otra vez) un profesional comprometido que veía la política a una cierta distancia, tal vez con ese halo de romanticismo que tanto engaña a quienes no han vivido el ambiente mefítico de los aparatos. En fin, que el hombre era una joya digna de ser engarzada en la unidad popular, como lo fue antes Beiras. La cuestión es que se produjo un malentendido porque los que ficharon al juez deseaban eso, un diamante para exhibir, un rubí con el que deslumbrar y desmentir a todos aquellos que querían presentar En Marea como la desembocadura de las frustraciones revolucionarias, al tiempo que Villares soñaba con superar el papel de guinda para estar en el pastel.

En esa tensión transcurrió la cosa. Es la película mil veces repuesta en la que el político brillante, dotado de ideas persuasivas y don de gentes, sufre el hostigamiento cruel de los que no poseen sus dotes. Lo padeció Beiras con la vieja guardia del BNG y también Mozart con Salieri. El virtuoso acosado por el burócrata. El genio cercado por los recelos. De tal forma que este tipo de partidos necesitan perentoriamente un símbolo atractivo, pero no pueden soportar que el símbolo vaya más allá de lo simbólico, con lo cual el matrimonio de conveniencia suele acabar en divorcio y el genio se va con la música a otra parte (Mozart) o se retira al digno ostracismo beirista.

Así que todo está dispuesto para el sacrificio de Villares. Si alguna duda había, el regidor compostelano confirma la sentencia al pedir una nueva jefatura de las Mareas. Es significativo que se proteja a la diputada callejera que protegió a los gamberros y a la que las bases pidieron su dimisión, mientras que se inclina el pulgar hacia abajo en el caso de Villares. Gana la picaresca y pierde el compromiso serio. Para la susodicha la política fue una promoción en la que no arriesgaba nada. En cambio para el todavía líder ha sido un paso lleno de riesgos que le obliga a dejar la seguridad profesional.

Pero así son las cosas. Cuando él se vaya no será fácil encontrar un recambio en el mercado. Se busca un líder brillante, con prestigio social, capaz, comprometido con Galicia... y manipulable. ¿Cuántos responderán a ese anuncio? Quien responda ya sabremos que estará dispuesto a servir de marioneta a los que mandan. Ni Cristiano ni Zidane están disponibles.

Periodista