El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

APUNTES

LUIS CARAMES VIEITEZ

‘Brexit’ y movilidad de estudiantes

13.09.2017 
A- A+

LAS universidades británicas están inquietas ante la evolución del brexit, por la financiación, las dificultades de trabajo en el Reino Unido para los egresados extranjeros y, también, por algunas señales de racismo. De momento, las candidaturas de estudiantes procedentes de Europa han caído un 5 por ciento. Y las tasas llegan a las 10.000 libras esterlinas, mientras que los préstamos escolares se han encarecido del 4,6 al 6,1 % de tipo de interés.
Hasta que la salida se consume, los proyectos de movilidad y de cooperación financiados por el programa Erasmus seguirán incluyendo a Gran Bretaña, después se quedará a merced de la negociación de un protocolo particular, como ocurre con Noruega, Islandia y otros. Y probablemente con exigencia de visado. En cualquier caso, como pasa con otros sectores sujetos a la negociación, la fuerte incertidumbre todo lo condiciona. Un dato: la universidad de Cambridge registró una caída del 14% en las solicitudes foráneas y algunas están discutiendo deslocalizar campus fuera del país. Por algo sería que los centros de formación superior se manifestaron allí siempre contrarios al brexit.
La demanda de formación en el Reino Unido viene impulsada por la calidad de su sistema educativo, las mejores perspectivas profesionales y una mejora del nivel de inglés. A su vez, los estudiantes extranjeros vuelven aquel país más internacional, multicultural y cosmopolita. En definitiva, se suma así una sombra más en el poco juicioso desenganche de la Unión Europea, con una Theresa May dispuesta a estirar el chicle de la negociación hasta llevarla a donde están acostumbrados para allá del canal. Sólo ventajas.
Curiosamente, la enseñanza superior –al socaire de las posibles consecuencias del brexit– está entrando en el juego de la geopolítica. No sólo en Gran Bretaña, también en los Estados Unidos de América, donde Trump ya pone barreras a estudiantes procedentes de un montón de países. Pero este escenario es una oportunidad para las universidades europeas, y, desde luego, para las escuelas de negocios, que estando menos sujetas a reglamentos pesados y disfuncionales, responden con agilidad a los cambios del mercado.
Seamos solidarios de nuestras autoridades universitarias, no están para estas digresiones, bastante tienen con Bolonia, los grupos interactivos y unas cuantas cosas más, ninguna esencial, desgraciadamente, para el mundo que ya está aquí.
Catedrático de Hacienda Pública