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LUIS PÉREZ

La matraca de la AP-9

04.01.2018 
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DUDO que a la inmensa mayoría de los gallegos le importe más de quién depende, a efectos de titularidad, la Autopista del Atlántico que las pensiones, los servicios sociales, la atención sanitaria, la educación, la seguridad ciudadana, la violencia machista, la creación de empleo, el precio de los alimentos, vestido y calzado, o los efectos del cambio climático, incendios forestales incluidos. No hablo ya de financiación autonómica, repercusiones de la crisis catalana y del brexit por tratarse de asuntos cuyos efectos no los percibimos tan próximos. Sin embargo, todo apunta a que las vicisitudes de esta vía de comunicación van a ser el tema del año 2018 como ya lo fueron el pasado. Así lo plantea la oposición, y me temo que con la complacencia tanto del Gobierno gallego como del español.

Hace 40 años ya se debatía sobre la autopista. Pero el debate era de otro nivel. Más allá de intereses partidistas, que eran evidentes, el análisis versaba sobre el modelo de comunicaciones por carretera. El tiempo vino a dar la razón a sus defensores, y tanto es así que quienes hablaban de navallada á nosa terra son hoy quienes más énfasis ponen en reclamar su transferencia y gratuidad. La simultaneidad de ambas exigencias es peligrosa. Las decisiones políticas son en muchos casos revisadas por los jueces, y no es la primera vez que el coste económico de una decisión apresurada y populista se vuelve en contra de los ciudadanos.

En el tránsito del 17 al 18 se inauguraron dos obras importantes de la AP-9. La ampliación del puente de Rande y más carriles en la circunvalación a Santiago. En ambos casos con situaciones curiosas, que dan pie, una vez más, a señalar contradicciones. Así como es de valorar la defensa del exministro Blanco de la obra de Rande, por él promovida, desconcierta el interés de su compañero de partido, el alcalde Caballero, por salir en la foto al lado de quienes, según él, solo están interesados en perjudicar a Vigo, y cuando ni siquiera está en su municipio. Y paradójica es también la presencia del alcalde compostelano en la ampliación a su paso por este municipio, arropando de esta manera un proceder con el que su formación política dice estar en desacuerdo.

Por motivos políticos, y por lo tanto discriminatorios, algunas autopistas gallegas de pa- go salen gratis a sus usuarios porque lo soportan el conjunto de los ciudadanos. Son los denominados peajes en la sombra. Son decisiones controvertidas, pero que una vez se toman devienen irreversibles. La propiedad de la AP-9 tiene concesión hasta 2048 para explotarla. Mucho cuidado con las ocurrencias. Mientras no se encuentra una solución satisfactoria, oblíguese a que ofrezca un buen servicio a un precio razonable. Porque estoy seguro de que, gobierne quien gobierne, seguirá privatizada hasta ese año. ¿Por qué? Porque durante tres décadas será el principal problema de Galicia.

Periodista