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CELTAS SIN FILTRO

LUIS POUSA

Agua, hierba y leche

21.04.2017 
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CORRÍA la primavera de 1984. Miles de personas escuchaban embelesadas, en el campo de la feria de Arzúa, la intervención del pregonero de la Festa do Queixo, don Antonio Fraguas. El eminente galleguista describía los pasos desde que la lluvia riega la hierba de la cual se alimenta la vaca para producir leche, hasta que, finalmente, se elabora con esta el queso, que una vez listo para ser consumido es llevado al mercado.

Esos pasos son los que, en terminología económica, conforman un proceso productivo, en el que -dicho en terminología científica- la vaca es el mecanismo que utiliza la hierba para convertirse en carne y leche.

Pero transcurridos treinta y tres años desde aquella edición de la Feira do Queixo de Arzúa, sucede en Galicia que la cualitativa presencia de actividades relacionadas con los recursos naturales -sean energéticos, agrarios o forestales- no son totalmente transformados en valor añadido bruto (VAB) de las actividades manufactureras, según pone de manifiesto el economista Albino Prada en el documento Definindo o marco dunha estratexia industrial para Galicia, debatido en las jornadas del Foro Económico de Galicia que estos días se celebran en A Toxa.

Ocurre, además, que sin contar con una base de recursos naturales tan sólida como la gallega, otras economías regionales son capaces de sostener un sector manufacturero con un peso mayor (entre 3 y 10 puntos) en su producto interior bruto.

La diferencia no es nada despreciable. Albino Prada calcula que esos diez puntos de PIB equivaldrían a cien mil empleos directos, por lo que Galicia pasaría de tener 166.000 puestos de trabajo en el sector industrial a 276.000.

En el caso concreto de la industria agroalimentaria, la repercusión industrial de las actividades primarias puede considerarse insuficiente. Un ejemplo: Galicia, con un VAB primario del 5,1 por ciento del total, genera un valor añadido bruto manufacturero del 2,9 %; Cataluña alcanza el mismo nivel con un VAB primario del 1 por ciento.

Y algo muy similar ocurre con las actividades de transformación de la madera y muebles, papel y gráficos. Pues siendo Galicia una potencia determinante en el sector forestal español, no es capaz de transformar ese potencial primario en productos manufactureros derivados.

Resulta, concluye Prada, que la diversificación y la culminación de transformaciones de mayor valor añadido son asignaturas pendientes de nuestra política industrial.

Periodista