El Correo Gallego

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Políticas de Babel

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Magaluf nos indica el peligro

17.07.2017 
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AHORA que lo pienso, y pese al título de mi columna, lo que Magaluf nos muestra es mucho más que el peligro; nos enseña el aciago origen, el fatídico desarrollo y las ingratas consecuencias de no haber sido capaces de prever los despropósitos que todos lamentamos hoy; es decir, el desprestigio de una localidad del término municipal de Calviá que, hasta hace poco, constituía un punto turístico de referencia en la bella isla de Mallorca. Es lo que tiene el dinero fácil y rápido, y el ansia de progreso personal y empresarial egoísta y desordenado. Pan para hoy, y hambre para mañana.

Ahora que se han filtrado los despropósitos, los excesos, el descontrol y la falta de escrúpulos de visitantes y no pocos lugareños, los vecinos más cabales y sufridores de la localidad lamentan la publicidad adversa que hacen ya ciertos medios internacionales, especialmente británicos, los cuales se empeñan en desprestigiar estos días el lugar, a los turistas, e incluso a los agentes policiales que intentan poner orden en un caos que la propia administración local lleva tiempo tratando de corregir.

No invocaré el "haberlo pensado antes", pues somos todos los que salimos perdiendo con semejante imagen de degradación. Pero sí aprovecho para advertir al resto de municipios de referencia turística que cuando las barbas de su vecino vean cortar, pongan las suyas a remojar. Llegar siquiera a pensar que nuestra exquisita costa gallega, por no hablar de zonas como Baiona, o la propia perla del Salnés, es decir, el prestigioso Sanxenxo (al que acompañan y complementan sus municipios hermanos de O Grove, Cambados y Vilagarcía de Arousa), puedan llegar a vivir una humillación semejante, me inquieta sobremanera.

Ojalá no sea tarde para que los políticos de aquí y allí actúen en consecuencia, y gestionen las medidas necesarias para evitarlo. Ordenanzas municipales, vigilancia urbana, dispositivos de disuasión en puntos estratégicos de las villas, y una policía local que, en vez de incordiar a esos padres y abuelos que cada mañana y con dificultad (debido a la falta de aparcamientos) realizan la compra en supermercados y mercados (contribuyendo a la sana riqueza local), sea capaz de reorientar sus funciones para reprimir los excesos de los foráneos en nuestras tardes, noches y madrugadas estivales, contribuirán, sin duda, a prevenir aquello que todos denunciamos; y que, en otros contextos, aparenta ya irreparable, al menos, a corto plazo.

Créanme que podríamos ser mucho más explícitos y demostrar, con datos, la inacción que empezamos a constatar en múltiples y variados enclaves de nuestra querida geografía. Y es nuestro deber denunciar en cuantos medios colaboremos el incipiente y peligroso abandono de un valioso patrimonio que entre todos hemos creado; y que, por tanto, todos tenemos derecho a defender con orgullo, y a disfrutar con el merecido descanso y placidez.

www.josemanuelestevezsaa.com