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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

¿Máis BNG o Máis UPG?

18.04.2009 
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Un viejo eslogan turístico presentaba a la República Sudafricana como el mundo en un solo país. Evocaba la variedad de su territorio, apto para los deseos de cualquier visitante enemigo de la monotonía. El BNG actual podría apelar a un reclamo muy parecido al sudafricano: el mundo político en un solo partido.

Partidos, tendencias o sensibilidades que fuera del Bloque hacen vida separada, aquí están agrupados bajo una misma sigla. Eso resultó beneficioso en otras épocas, al evitar la dispersión de las fuerzas siempre precarias del nacionalismo, pero no está claro que sea viable en los tiempos que corren. Por eso pasa lo que pasa.

La idea legionaria de frente es eficaz para oponerse a todo en una situación predemocrática, pero no lo es tanto en una democracia estabilizada como la gallega. Eso sí, el frentismo es idóneo para que permanezcan emboscados grupos que, por sí mismos, tendrían poca relevancia.

En consecuencia, la pugna que se vive en el seno de BNG es la etapa final de un modelo basado en la ambigüedad. El Bloque era todo sin ser nada. Dentro podían convivir los amantes de los movimientos antisistema, los practicantes del radicalismo verbal y los convencidos de que el destino lógico de la organización es convertirse en un partido homologable a los que funcionan en el Occidente cristiano. O sea, Irmandiños encontrados, UPG y la corriente hace poco bautizada como Máis BNG.

La exuberante abundancia de siglas ha quedado reducida a tres corrientes. Puro darwinismo. En realidad no representaban nada, aunque ayudaban sin duda a mantener el río revuelto y la ganancia de los pescadores de Paco Rodríguez. Igual que en el Santander, bastaba con poseer un pequeño paquete accionarial para mandar sobre un accionariado disperso.

Ahora la cosa se complica, y el Botín nacionalista ya no puede recurrir a la persona interpuesta para ponerla en el escaparate. Lo hizo con Beiras, quiso repetirlo con Quintana, pero ahora ha tenido que presentar a alguien de la casa. Es curiosa su procedencia porque el discurso oficioso parece achacarlo todo a los pecados nefandos del quintanismo, y sin embargo Guillerme Vázquez procede del lugar donde se ha producido el fracaso más elocuente.

Pontevedra es el Waterloo de la UPG. No es comparable con el revés de don Anxo, obligado a gobernar en doble coalición (con Touriño y Rodríguez), y sin la mayoría que disfrutaron y malograron los nacionalistas pontevedreses. Y aún así, es de los rescoldos de esa batalla perdida en donde la UPG recluta a su líder.

Los menos impuestos en la ciencia blocológica no encontrarán explicación a esta apuesta. Ni el carisma de Guillerme Vázquez es deslumbrante, ni la Pontevedra donde ejerce de concejal es lo que fue Allariz en su día. La opción tiene con todo su coherencia si, en vez de la recuperación política del BNG, pensamos en términos domésticos. Dicho de otra forma, no se trata de que el Bloque adquiera nuevo vigor, sino de que la UPG mantenga el control.

Podrá conseguirlo o no, pero la ficción sudafricana se agota. Viajar a un país donde se resume el mundo tiene su encanto, pero no así un partido de tendencias tan dispares. Ahora se resumen en tres; dos que proceden del pasado de la mano de Beiras y Rodríguez, Castor y Polux del nacionalismo, y una que llega del presente con el impulso de Aymerich y Táboas. ¿Máis BNG o Máis UPG? He ahí el dilema.

CLRODRIGUEZ@ELCORREOGALLEGO.ES