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Martes 17.06.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

[Noticia 1 de 1] Opinión » Firmas

DEMETRIO PELÁEZ CASAL

AILOLAILO

Sobre los malditos exámenes tipo test

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Según los datos extraídos del denominado informe PISA, que en teoría evalúa y mide si los estudiantes de un sinfín de países están recibiendo o no una formación académica adecuada, los chavales de hoy están absolutamente pez en lo que a comprensión lectora se refiere. En otras palabras, que leen cuatro párrafos seguidos y acaban agotados, agiliflautados y con las neuronas en fase de modus flipendi, porque no se han enterado de nada. Y es muy fácil deducir que si la comprensión lectora falla, todo se va al carallium, porque el estudio -todo tipo de estudio- requiere comprensión y capacidad interpretativa, lo mismo que la lectura de cualquier libro, aunque sea de Mortadelo y Filemón.

La respuesta a la pregunta tan repetida sobre por qué los adolescentes y jóvenes no leen absolutamente nada, salvo los mensajes del móvil y las chorraditas que se cuentan por el messenger, parece, entonces, sumamente sencilla: porque los muy capullos se han perdido ya en la primera página y les cuesta Dios y ayuda pasar a la segunda. Es lo que hay.

De todas formas, los verdaderos capullos somos nosotros, y más en concreto los psicopedagogos, educadores, políticos y demás faunas con poder decisorio en las aulas, que hemos admitido e incluso aplaudido que cada vez más exámenes -todavía pocos, pero la fórmula tiende a consolidarse- se hagan según el maldito tipo test, de forma que todo consiste en poner una crucecita entre cuatro respuestas posibles a cada pregunta. Ejemplo de pregunta de historia: ¿Quién fue Napoleón? a) El perro de Sara Montiel, b) El abuelito republicano de ZP, c) El tío bigotudo de Aznar, que fue el primer vallisoletano en hablar catalán en la intimidad, d) Emperador de Francia. Y así, bastantes pruebas similares.

¿Dejamos, de esta forma, que la gente, joven o mayor, se pueda lucir a través de unas respuestas bien escritas y desarrolladas? No, claramente no. ¿Y permitimos, por contra, que algún carota o sortudo acierte bastantes preguntas por simple azar o descarte? Sí, claramente sí. Este tipo de exámenes, de acuerdo, son más sencillos de corregir y también liberan al profesor-corrector de posibles acusaciones sobre subjetividad, favoritismo, enchufe o manía contra algún alumno, pero a cambio estrangulan por completo la creatividad y la capacidad de los estudiantes a expresarse oralmente o por escrito. Además, ¿se está fomentando de verdad en las aulas la lectura y las redacciones? Seguramente no. A partir de ahora, tras la publicación del informe PISA, podremos seguir hablando del sexo de los ángeles y sobre si tienen pilila o no, pero la calidad educativa no mejorará hasta que enseñemos a los niños a leer. Y, en suma, a estudiar.

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