Lunes 22.12.2008
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Leo el manual de G. Lakoff, profesor de lingüística en Berkeley y asesor del PSOE en las elecciones 2008. Los modelos conservadores y progresistas de gobierno -dice- son incompatibles. Los centristas son "biconceptuales" contradictorios que participan de los opuestos. Parte de la experiencia de R. Wirthlin, asesor de Reagan que en 1980 habría mostrado que el elector no vota programas sino valores, autenticidad y confianza. Por ello Lakoff concede gran importancia al marco último valorativo en el que encajan las ideas y entiende que la izquierda, al moverse en los marcos racionalistas clásicos, no sabe encuadrar las cuestiones en sus valores propios, creyendo convencer por los hechos sin el sentido de valor que les dan los marcos profundos, estructuras mentales semiconscientes de interpretación de la realidad que realzan problemas, velan otros y originan eslóganes en marcos superficiales. Mientras los conservadores razonan en términos de causa inmediata y hacen derivar los resultados de acciones individuales, el progresismo, dice, consideraría motivos complejos y causas sistémicas. La izquierda -añade- debería restituir las palabras a los marcos de donde fueron separados por una derecha que si no considera las causas profundas es para así ajustar las cosas a sus valores y marcos. La metáfora padre estricto (dcha.) padre protector (izda.) sirve a Lakoff para contrastar los dos modos opuestos de entender mercado, justicia, igualdad, etc.
Siempre será mejor encuadrar los problemas en su complejidad, pero Lakoff parece no darse cuenta que comprender por los contextos tiene su sombra, que llevó a justificar la barbarie. Se mueve así en el marco interpretativo racionalista abstracto que critica. Su error es considerar a la derecha la sombra y a la izquierda la luz, cuando todo lo que ilumina crea su propia sombra. Por eso hay mejores metáforas que padre estricto/protector. La buena política apunta como la vida al equilibrio de contrarios, contrarrestos de una condición humana que propende al exceso, al que es más proclive quien posee mayor poder. La derecha se vincula arquetípicamente al orden, la izquierda al deseo (que tiene sombras, véanse los errores de ZP). Hay marcos interpretativos más libres y críticos ante lo real, y otros más interesados y ciegos que apenas cuestionan nada, pero la experiencia muestra que ya no hay formas rotundamente claras, si es que las hubo, de asociar a unos y a otros a las dos ideologías clásicas en pugna.

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