Lunes 22.12.2008
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De los tres principales candidatos a la presidencia de la Xunta, Emilio Pérez Touriño es el que saldrá con mejor nota de la parrilla de la campaña de las elecciones gallegas. Desde que en el verano de 2005 tomó posesión como presidente de la Xunta, las encuestas siempre lo han situado a la cabeza de los políticos gallegos, tanto en valoración como en grado de conocimiento. Dicho de otra manera, y al margen de filias y fobias, el liderazgo de Touriño ha ganado solidez y dimensión con la gestión de Gobierno y hoy es el mejor activo político del PSdeG.
De lo anterior se desprende que tiene todo el sentido del mundo que los socialistas gallegos se hayan decantado por centrar los mensajes de la precampaña en la figura de su candidato, y de un liderazgo que desborda las costuras estrechas del partido y se ofrece al conjunto de los gallegos con una propuesta de unidad, siempre necesaria en términos de país e imprescindible en tiempos de una profunda crisis económica global como la que estamos viviendo.
Ayuda en este envite el hecho de que, además de ser el candidato mejor valorado, Pérez Touriño sea también el que menos rechazo provoca de todos ellos y el que más confianza y seguridad transmite al ciudadano gallego. No son opiniones de los próximos, sino conclusiones extraídas de los datos que aportan los trabajos demoscópicos.
Se ha dicho que el perfil presidencialista y el tono de los mensajes de la campaña del candidato socialista están en la línea de los que en su momento emplearon Zapatero y Obama. Es posible que así sea, sin embargo el aroma del diálogo implícito que el estadounidense estableció con sus habitantes es más perceptible, y sin meterse en malos remedos del exitoso Yes, we can.
A su manera, sin tracionar su personalidad ni echar mano del maquillaje y la bisutería, Emilio Pérez Touriño es presentado tal cual es. Sonriente y serio, austero y responsable, luchador y progresista. Sin duda tiene sus defectos y de ego no anda mal servido, pero no es un cínico.
Lejos de la fría imagen de técnico que en algún momento se le quiso colgar, Touriño entró en la política muy joven. Y lo hizo desde la trinchera de la lucha por la democracia, el Estado de derecho y el reconocimiento de Galicia como entidad autónoma, asumiendo los riesgos personales que esa lucha entrañaba en el régimen franquista.
En cierta medida, que él haya elegido Quen poidera namorala como sintonía de su precampaña es un homenaje a un pasado honorable de combate por las libertades democráticas y la igualdad, que tuvo su vertiente musical en Voces Ceibes. Una elección que, aparte de buen gusto musical, denota el enraizamiento de Touriño con la cultura gallega, pues se trata de un poema de Álvaro Cunqueiro, titulado No niño novo do vento, perteneciente a su libro de poesía Cantiga nova que se chama ribeira, musicado por el médico y cantautor compostelano Luis Emilio Batallán, alias Cara Cortada.
Pareciera como que Touriño hiciera suya la sensibilidad poética de Cunqueiro para conciliar el pasado con el presente en un mismo objetivo: el cambio como proceso para situar a Galicia en el mapa de la Europa más armónicamente desarrollada. No niño novo do vento/ hai unha pomba dourada/ meu amigo!/ Quen poidera namorala.

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