Lunes 22.12.2008
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Pues nada, que el BNG de Santiago quiere recuperar la figura del llamado Apalpador navideño para dar un toque más gallego a estas fiestas e impedir que el plasta de Papá Noël se lleve todo el protagonismo. Nada hay que objetar, así en principio, a la iniciativa bloqueira. De hecho, el Apalpador tiene un aspecto simpático (parece un homeless guarrete), es un transgresor del correctismo imperante (hasta fuma, el muy vicioso) y vive en las montañas como un anacoreta a la espera de bajar a la ciudad, en diciembre, para tocar la barriga a los niños y ver si están bien alimentados. A todos ellos, asegún el volumen de la bartola, les deja unas castañas de regalo, y luego se va de nuevo al monte.
Si se trata de recuperar una antigua tradición gallega, como nos lo quieren vender en el Ayuntamiento de Santiago, bienvenida sea la iniciativa, y más ahora que la cultura yanquilandia lo invade todo y amenaza con desterrar a los mismísimos Reyes Magos, pese a que los tres sabios llegados de Oriente protagonizan la que es, seguramente, la historia más hermosa jamás contada. Eso sí, la resurrección del Apalpador debería hacerse pensando también en los adultos, no solo en los infantes, y por ello este juntaletras propone varias ideas dirigidas a mejorar sustancialmente el modesto plan inicial. Idea a) Crear la figura de la apalpadora para adultos masculinos, papel que podrían desempeñar de forma notable Elsa Pataky o Mónica Belluci. Idea b) Crear asimismo, para eliminar tensiones, el apalpador para adultas femeninas, a elegir entre George Clooney y Brad Pitt. Son veinte mil eurillos por la apalpatente. Que la vida está muy achuchá.

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