Lunes 22.12.2008
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Bien: me reafirmo. La televisión no es un aparato educativo (aunque algunos lo crean), pero tampoco es un aparato para contemplar el sufrimiento. Es la realidad la que de verdad nos hace sufrir. Y hay programas que se empecinan en envolverlo con morbo. No hablo, claro, de los informativos: enseñan las cosas, y ya se sabe que la imagen es la imagen. Y si se lee poco, todo es imagen. Habría que ir de vez en cuando a la letra pequeña. O, simplemente, a la letra. Los periódicos aún tienen mucho que decir. Pero el personal acaba afirmando: "ya lo he visto todo por televisión". Ver algo equivale a creer que existe. Ver algo equivale a poder opinar sobre ello. Convendría ir más allá de las imágenes/cebo, o las imágenes/gancho. Pero comprendo que, tal y como llegamos a casa, sólo tenemos fuerzas para mirar.
Por eso creo tanto en los periódicos. Como formato. No pueden vivir de las imágenes, y necesitan el texto, y el texto es largo, e invita a la reflexión. Hoy el análisis está en los periódicos. Y en la radio, que no tiene que mostrar nada, porque no puede. La imagen es maravillosa, de acuerdo. Pero no piensen que todo lo que lleva imágenes de actualidad es periodismo. Para empezar, la televisión depende del momento del día. De la audiencia potencial. A veces, los formatos que hablan de la vida simplifican tanto que uno se siente extraño. Porque sabe que la realidad es mucho más compleja. Se necesitaría tiempo para contextualizar las imágenes, para explicarlas. Pero no lo hay. No hay tiempo para nada. Pronto llegarán nuevas imágenes: habitualmente de guerra, de muerte, de pateras hundidas, de seres desvalidos o asesinados. El ciclo es interminable. Lo engullimos todo, quizás aderezado con algún magacín de media tarde. Apenas vemos todo el horror que pasa. Tan rápido. Tan clónico. Los muertos se parecen a los muertos de siempre. Las pateras se parecen a las pateras de siempre. Y están esos presentadores tan simpáticos. Y esos rótulos brillantes. Y esos anuncios que nos permiten descansar del mundo. Convendría ponerle letra a todo eso. Leer. Pensar. Pero nos hemos acostumbrado a la ración de imágenes, creyendo, tal vez, que sólo es el menú del día.

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